Mientras veo crecer a mi hija, uso este espacio para compartir vivencias, reflexiones, relatos y recuerdos de estos meses pasados y futuros... Y ahora son dos.
Recuerdos de un día mágico
Feliz año nuevo
Me sorprendí esta semana haciendo balances de fin de año. Sí, en octubre en lugar de diciembre, como el resto del mundo. ¿Les cuento por qué?
Hoy hace dos años se definió mi ¿suerte?, ¿destino?, ¿siguiente parada? o como se diga.
Embarazadísima de Cande, programamos un viaje a Rosario para pasar el día de la madre y de paso, visitar a mi obstetra de reserva, ya que me había peleado con la de Buenos Aires (la ciudad donde vivíamos).
Mi esposo, sin trabajo hacía 4 meses, consiguió una entrevista mágica.
Y acá nos quedamos a esperar...
Esperar a Cande, que decidió que si no me quedaba quieta, ella salía antes.
Esperar una propuesta, resultado de la entrevista, que para esa altura se había transformado en dos, en tres, en un psicotécnico y un análisis pre ocupacional. Encierro obligado, playstation, juegos de aventura gráfica y sobresaltos en cada llamada del celular.
Y en quince días se resolvió el trabajo. Los quince días más largos de nuestra vida, sin dudarlo... Y cuando salió el trabajo, buscamos y reservamos departamento. Ya el plazo crítico para Cande había pasado y de a poco me dejaban moverme. Y Ariel volvió a trabajar. Y a menos de una semana de su nuevo comienzo laboral, un sábado mágico, Cande decidió que ya era el tiempo y nos hizo cambiar los planes, según su gusto o sus necesidades, por primera vez.
Dos años. Cuatro meses. Quince días. ¿Cuál es el plazo más largo? ¿Es relativo? ¿Cuánto depende lo que estás esperando de lo que te jugás en la espera? ¿Importa la respuesta?
No para mí, no en este espacio, no ahora. ¡Brindemos, Amor! Por vos, por mí, por Cande, por lo que peleamos esta familia, por lo lindo que es saber que Cande crece dentro de ella, con muchos abuelos y tíos como séquito. Porque estamos juntos a pesar de todo.
Un año y medio
Querida hija: hace un año y medio que decidiste conocernos y nos cambiaste los planes de un sábado al mediodía.
¡Cuánto creciste, cuánto aprendiste y cuántos nos enseñaste en estos 730 días que llevamos juntos!
Te vemos tan chiquita, tan necesitada de nosotros, de nuestra mano para caminar por la vida y al mismo tiempo, tan apurada por crecer y ser independiente.
Tu sonrisa nos ilumina los días, tus carcajadas cuando algo te divierte, mucho justifican las noches sin sueño y los cambios de prioridades de nuestras vidas.
Tu carácter fuerte y decidido, que aparece frente a un NO inesperado e indeseado nos muestra la herencia de la familia (eternamente cabezotas, diría tu bisabuelo).
Tu emoción (aplaudiendo o zapateando) frente a una nueva propuesta de juego o a un nuevo logro conseguido nos hace desear que no crezcas tanto como para perderla en la ruta que te toque.
Seguí creciendo así, querida Cande: fuerte, sana, decidida y alerta frente a lo nuevo.
Seguí marcando el ritmo de tu familia.
Seguí cambiandonos la rutina de cada día, poniéndote por delante de todo. ¡Felicidades en este día y en todos!
Una historia común
- ¿Tomamos algo? – superando 27 años de cuidar las formas y mantenerse al margen, se animó a la invitación. - Bueno – fue la respuesta del otro lado del teléfono.
Y la cita se fijó en Rock ‘n fellers, cerca de la casa de ella, en la otra punta de la ciudad para él, a la hora de las brujas.
Se conocían desde hacía ocho meses, cuando coincidieron en el mismo ámbito laboral. Ella estaba estudiando su última materia para ser Contadora, sin demasiado entusiasmo (el tema era bastante denso); él, ya recibido, alternaba su tiempo libre entre su banda de rock y una novia demandante y poco compañera. Seguramente, se habían cruzado sin verse por las calles de la ciudad que los alojaba, pero no era su momento.
Y llegaron al lugar de encuentro, cargando sus historias personales, 27 años de ellas y empezaron a conocerse de otra forma, sin guardar las formas que exigía la empresa, una empresa no demasiado propensa a fomentar ese tipo de situaciones.
Y se sintieron tan a gusto, que la cita se renovó. Y jugaban a ser “compañeros de trabajo” de 8 a 17hs, a cara de piedra, mientras decidían que querían o debían ser fuera de ese horario.
No fue fácil ponerle nombre al vínculo que los unía, pero las circunstancias los fueron llevando. Ella se recibió y él la estaba esperando con el resto de la familia mientras daba su último examen. La familia de ella descubrió que era más que un rockero de River que salía con la “nena” y empezaron a conocerlo primero y a sentirlo un miembro más con el paso del tiempo.
Pasaron los meses, pasaron los trabajos, cambiaron las realidades, ella empezó a viajar y la relación se complicó, porque era más virtual que real. El poco tiempo presente en Rosario de ella se dividía entre él y la familia, en un tironeo constante.
Ella se mudó a Buenos Aires, él buscó trabajo allá para seguirla y, a pesar de una tormenta familiar, se instalaron en u
n monoambiente en el centro de la capital. El cambio de vida no fue fácil, por supuesto. Nunca lo es…
Pero siguieron adelante, tratando de adaptarse y superar las diferencias y a los 6 meses, para el aniversario de aquel café, se comprometieron.
La noticia terminó de disipar las nubes familiares y la emocionó a ella. Con su cuadernito en la mano hacía lista y planes sobre el futuro evento, mientras él sufría el peor ataque de dudas y vértigo de todos esos años juntos.
“Pero el amor es más fuerte”. Eso dicen, eso cantan y eso decidieron juntos, hablando mucho, mucho, mucho.
Y
hablando planearon la boda más divertida del mundo, llena de sorpresas y emociones para todos los gustos.
Y hablando, decidieron que la capital no era un buen lugar para vivir y ver crecer hijos. Y planearon la vuelta a la ciudad que los había visto nacer, crecer y conocerse.
Y volvieron, él con una entrevista de trabajo, deseando que se concrete, después de cuatro meses de búsqueda; ella con panza de 7 meses y la orden de quedarse quieta. Y se concretaron ambos, trabajo y panza (Cande), en una semana del mes de noviembre.
Y acá se quedaron, ahora los tres, cerca de abuelos, tíos y parque, en una ciudad más chica, pero más amigable para vivir.
Y ahora se cumplen 9 años del primer café solos. Rock ‘n Fellers no está más en el lugar donde nos encontramos, sino acá cerca, a una cuadra de casa, pero no fuimos nunca desde la reinauguración porque no hacemos cola para comer ni pagamos lo que no valen las cosas.
Y ya son 3 años del sí que nos dimos frente al Padre Juan en la cripta de Lourdes.
Y cuantas cosas compartidas, cuantas travesuras, cuantas anécdotas, cuantas batallas, cuantos cambios, cuanta vida.
Y no me arrepiento de haberte seguido el juego en el chat, ni de haberte invitado esa noche, que nuestros amigos se bajaron de la salida. Vale la pena cada momento que compartimos. Y nuestra hija, Cande, la caminante es el mejor regalo que nos dimos y les dimos a los nuestros.
Por muchos años más juntos. Y vamos para adelante, como siempre.

¡Felicidades papis!

Cande dice:
Hoy el post es cortito y con una dedicatoria especial.
Mis papis cumplen su aniversario.
Si me preguntan, yo no entiendo muy bien qué significa esto de los aniversarios, pero por lo que estuvieron diciendo estos días parece que hace 9 años, un día como hoy, salieron por primera vez. Y después de eso se pusieron de novios con todas esas costumbres que tienen los grandes. Y hace 3 años, un día como hoy se casaron.
Y eso es importante y merece festejo, porque ahí empezaron a formar lo que hoy es mi familia. Así que brindemos por ellos (yo con leche, agua o jugo de naranja, porque otras cosas no me convidan), porque decidieron ser una familia para que nazca yo.
11 meses de alegrías compartidas
¡Felicidades!
Hoy un post cortito, pero con todo el corazón.
Feliz cumple mes a Cande, que hace 8 meses llegó, todo ímpetu, a llenarnos de alegría y cambiar el ritmo de nuestra familia (la chiquita y la extendida).
Querida hija: llegaste para adueñarte de nuestra vida, dejando en segundo plano todas las cosas. Y cuánto disfrutamos cada día que compartimos.
En la próxima, se viene, a pedido de la tía Ceci, post de archi-villanos a cargo de Cande.
PD: ¡Bienvenida, Juana! Mucha suerte en este mundo. A disfrutar de la familia que te tocó, que te esperaba con tantas ganas.
Forzando a la suerte
Hoy Cande cumple 7 meses. Pero hoy mi post va dedicado a Ariel, el papá de Cande, porque el nacimiento de mi hija vino cargado y acompañado de muchas emociones y muchos cambios, y porque se aproxima el aniversario del inicio de ese proceso.
Porque hace un año decidimos torcerle el brazo al destino que nos había llevado a Buenos Aires, para criar a nuestra hija en un ambiente más amigable.
Porque no tuvimos "orejas", aunque profesionalmente era un salto importante.
Porque hicimos nuestra jugada más osada en el momento menos indicado.
Porque preparamos juntos infinitas entrevistas de trabajo, cargadas de ilusiones, miedos y esperanzas.
Porque dijimos NO, cuando no cerraba, aunque significaba quedarnos con nada. Porque no nos resignamos a seguir peleando.
Por cuatro meses de búsquedas y ansiedades. Por madrugadas sin dormir y desayunos con El Increíble Hulk.
Por la renovación del contrato de alquiler que no fue.
Por la obstetra que nunca me contuvo y nos forzó a viajar cuando ya no lo pensábamos.
Por una llamada mágica recibida un martes 13.
Por el trabajo que sí fue.
Por la mudanza que hizo solo para acomodarnos en nuestra nueva casa.
Por las sonrisas de Cande al ver a sus abuelos y tíos. Y por la felicidad de los abuelos al ver crecer a su nieta de cerca.
Gracias por acompañarme, Amor. Sé que el esfuerzo más grande te tocó a vos en esta movida, yo sólo cargaba la panza y trataba de acompañarte y estar tranquila. Y seguimos para adelante, como siempre...






