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Volviendo

Cande creció. Es una nena de 3 años. Parece mentira que haya pasado tan rápido...
Cuando la estoy vistiendo o le ayudo a vestirse "sola, sola", la miro y le pregunto: "¿dónde está mi bebé? Yo tenía una bebé y ahora no está más".
Y ella me contesta con una sonrisa entre pícara y sobradora: "Soy yo mamá, soy una nena ahora".

Y en la vorágine de verla crecer y acompañarla este año que pasó dejé de escribir... Se volvió cada vez más interesante y más intenso el compartir juegos, paseos, experiencias y berrinches.
Además, los posteos que me alabaron como los más divertidos, que eran los que contaba Cande en primera persona se me complicaron cuando ella empezó a tener voz y a participar activamente en los diálogos de la familia.

No puedo hacerle decir cosas, cuando ella misma se planta y nos dice: "ahora me toca hablar a mí". Por supuesto, que siempre le toca hablar a ella. Siempre tiene algo para contar, para decir, para reclamar, para preguntar...

Terminé el 2012 bastante agobiada y arranco este 2013 decidida a que las energías cargadas en el mar me duren. Y dispuesta a ponerme al día con lo que me quedó pendiente de contar y revivir de este 3er año de Cande, para que sea un recuerdo que pueda disfrutar cuando crezca un poco más... Veremos cómo hacemos para mantener la compatibilidad tecnólogica.

De vuelta a la rutina. De vuelta a esta escritura compartiendo momentos...

Feliz año nuevo


Me sorprendí esta semana haciendo balances de fin de año. Sí, en octubre en lugar de diciembre, como el resto del mundo. ¿Les cuento por qué?

Hoy hace dos años se definió mi ¿suerte?, ¿destino?, ¿siguiente parada? o como se diga.

Embarazadísima de Cande, programamos un viaje a Rosario para pasar el día de la madre y de paso, visitar a mi obstetra de reserva, ya que me había peleado con la de Buenos Aires (la ciudad donde vivíamos).

Mi esposo, sin trabajo hacía 4 meses, consiguió una entrevista mágica.

Y acá nos quedamos a esperar...

Esperar a Cande, que decidió que si no me quedaba quieta, ella salía antes.

Esperar una propuesta, resultado de la entrevista, que para esa altura se había transformado en dos, en tres, en un psicotécnico y un análisis pre ocupacional. Encierro obligado, playstation, juegos de aventura gráfica y sobresaltos en cada llamada del celular.

Y en quince días se resolvió el trabajo. Los quince días más largos de nuestra vida, sin dudarlo... Y cuando salió el trabajo, buscamos y reservamos departamento. Ya el plazo crítico para Cande había pasado y de a poco me dejaban moverme. Y Ariel volvió a trabajar. Y a menos de una semana de su nuevo comienzo laboral, un sábado mágico, Cande decidió que ya era el tiempo y nos hizo cambiar los planes, según su gusto o sus necesidades, por primera vez.

Dos años. Cuatro meses. Quince días. ¿Cuál es el plazo más largo? ¿Es relativo? ¿Cuánto depende lo que estás esperando de lo que te jugás en la espera? ¿Importa la respuesta?

No para mí, no en este espacio, no ahora. ¡Brindemos, Amor! Por vos, por mí, por Cande, por lo que peleamos esta familia, por lo lindo que es saber que Cande crece dentro de ella, con muchos abuelos y tíos como séquito. Porque estamos juntos a pesar de todo.