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Otra Frecuencia

Esta entrada surgió recordando mis primeros días de mamá. Y charlando con Ceci, cuando nació su hija y Marisa, después que nació Bruno. Ahora va dedicada a Flor e Inés (mi cuña, que está por hacerme tía).

¿Por qué nadie te cuenta que el mundo tal cómo lo conociste va a funcionar mil veces más rápido que vos y tus necesidades cuando te vayas a tu casa con tu hij@ recién nacido?

Los ruidos de la calle, los autos, la gente caminando rápido para llegar a sus compromisos, todo es más rápido, más intenso, más atemorizante que cuando entraste al sanatorio un par de días antes. Y para agregarle miedo, sos responsable de una personita que cuenta con vos y confía en vos para todo.

Salir del sanatorio con tu bebé en brazos, ser arrojada a la ciudad con su tránsito alocado, la gente metida en sus problemas y acelerada supone un shock para el que ningún curso de preparto ni lectura previa te prepara.

Funcionás en otra frecuencia, tenés otro ritmo y otras necesidades. Y tenés que aprender a entender las necesidades de tu bebé y cómo te las pide. Tienen que conocerse y para eso necesitan que les resuelvan todos los otros problemas de la vida cotidiana y no los expongan al ritmo del afuera...

Las visitas al obstetra y al pediatra, hasta que te dan el alta y tu bebé empieza a recuperar peso, son el equivalente en tu cabeza, a una expedición para escalar el Aconcagua, por los preparativos previos y la adrenalina que te genera.

Nadie te lo cuenta, nadie te prepara para ese momento. Y es complicado que te entiendan...

Yo tuve suerte, Cande no nació en la ciudad donde tenía mi casa, entonces paraba en la casa de mi mamá, que se ocupaba de las cuestiones domésticas... Y yo sólo tenía que recuperarme y tratar de conocer a Cande y cómo pedía mi atención. No suele ser así, por eso escribo este post.

Si tu esposa, pareja o hija está pasando por esta etapa, dale contención y toda la ayuda posible... No siempre sabe pedirlo, porque todavía no sabe dónde está parada...











¿Por qué?



En estos meses de embarazada primero y mamá después me surgieron varias dudas sin respuesta. "No entiendo, no entiendo, qué sea un insecto", decía Tom Hanks en la película "Quisiera ser grande". Y yo estoy igual...
Acá las planteo a ver si me ayudan con las respuestas o si surgen nuevas preguntas.

1) ¿Por qué las nenas deben vestirse sólo de blanco y/o rosa?
¿Por qué te miran raro las vendedoras cuándo pedís otros colores, que por supuesto no existen? ¿No tiene 7 colores el arco iris? ¿Ser bebé y nena limita la paleta cromática a dos tonos, de todos los que pueden combinarse?

2) ¿Por qué cuando más cansada estás, más despierta está tu hija? ¿Existe algún proceso misterioso y simbiótico que te chupa la energía y se la pasa a ella?

3) ¿Por qué el living ordenado y limpio provoca desparramar juguetes? ¿No existe otra forma de jugar? ¿Por qué cuándo el piso ya no se ve del arsenal de juguetes derramados la única opción que queda es vaciar el baúl?

4) ¿Por qué piensan que me interesa lo que los hijos de otras madres hicieron y a qué edad? No me importa a qué edad caminó la hija de Alicia ni cuántas palabras decía el sobrino de Antonia a la edad de Cande. Me encanta disfrutar cada día con mi hija y ver cómo ella sola va descubriendo su lugar en el mundo.

5) ¿Por qué tiene que usar mamadera? ¿Dónde está escrito que forma parte del aprendizaje de todos los chicos? Si tuvo la suerte de tener una mamá full time que le pudo dar la teta mientras la leche era el único alimento... Si cuando aprendió a comer sólidos, aprendió en paralelo a usar el vaso con tapita... ¿por qué va a usar mamadera para tomar la leche, una vez que dejó la teta? ¿Y por qué le molesta al "mundo" que no use mamadera?

6) ¿Por qué crece taaaan rápido? Parece que fue ayer cuando la tuve por primera vez en mis brazos y se prendió por primera vez a mi teta. Y ahora camina, come sola, toma en vaso, se divierte dibujando y armando rompecabezas y nos dice lo que quiere y lo que no, señalando con el dedito. Y cuánto camino nos falta recorrer juntas...

¿Las mamis tienen alguna otra pregunta para agregar? ¿O alguna respuesta?

11 meses de alegrías compartidas


Cuántos cambios, cuánto crecimiento, cuántos aprendizajes, cuántas experiencias, cuántas alegrías, cuánta vida compartimos en once meses juntos.


Nos enseñaste a pensar y a consolidarnos como familia.


¡Felicidades hija! Y a seguir aprendiendo...

¿Cómo cambiar a una bebé?


Cambiar a Cande fue siempre complicado. Cuando era recién nacida, se enojaba mucho y era el único momento del día en el que lloraba desconsoladamente. Después, mientras fue creciendo, las cosas fueron más fáciles, porque se acostumbró a lo que ella consideraba "una verdadera tortura" (sobre todo la parte de volver a ponerse ropa encima).

Y con el correr de los meses y los cambios de estaciones descubrió que todo puede empeorar. Y que además de bodies, pueden ponerte encima sacos y camperas.
Ese es, más o menos, el análisis del tema desde el punto de vista de bebé.

Desde el punto de vista de los papis o de quien tenga a su cargo la tarea de cambiarla, les cuento que ahora que Cande aprendió a moverse y manejar sus manos con mayor precisión día a día, esa simple tarea se convirtió en todo un desafío.

Vamos con un ejemplo, para que me entiendan: se acomoda a la bebé, Cande en este caso, en el cambiador (que le queda corto), tratando de que no pegue la cabeza contra la bandeja de los elementos de limpieza y que no se caiga.

Luego viene la parte fácil: sacarle la ropa y el pañal. Y ese es el disparador para que comience el movimiento: piernas al aire, revoleo de brazos y similares para demostrar la alegría que le produce no tener tanto peso. Todo vale para tratar de impedir que un nuevo pañal vuelva a ponerse en su lugar.

Si conseguimos acomodarle un nuevo pañal, todo se complica aún más. Hay que vestir nuevamente a una bebé que se va a resistir con todas sus fuerzas para evitarlo, repitiéndose la secuencia siguiente: pasa la cabeza por el bodie, grita Cande tratando de evitarlo, entra una manga, sale una manga, entra una manga, se retuerce Cande y revolea por los aires la tapa de la cajita con forma de oveja, pelea por capturar el otro brazo, entra manga, sale manga, entra manga, sale manga, entra manga, vuela pato de goma para el otro lado, protesta Cande porque fue acostada para abrochar el bodie, entra el pantalón (después de pasar por los mismos problemas que nos dieron las mangas) y aplaude Cande porque fue parada para terminar de acomodarle la ropa.

Terminada la operación, quedará media hora más para ordenar y juntar, y que el cuarto en una situación similar a la inicial. Y otra media hora para reponerse de tanto movimiento.

¿Cómo les va a ustedes en estas lides? ¿Son tan inquietos sus chicos como Cande? ¿Hay trucos para mitigar el proceso?

Al agua pato!


Para el post de hoy tenemos una cronista especial:

"Desde que me acostumbré al agua y dejó de enojarme eso que hacen varias veces por día de ponerme y sacarme ropa y pañales, disfruto muchísimo el ritual diario del baño. Aprendí el horario bastante pronto, antes de los dos meses de vida. Tiene que ser después de la merienda de los papis y antes de "La casa de Mickey Mouse". Y si por algún motivo, los papis se olvidan, yo me ocupo de hacerlos acordar, a los gritos. De otra forma no entienden.

Al principio me gustaba que me respeten las rutinas, pero ahora además juego mucho, porque ya me siento solita en la bañera. Y por eso los papis me prestaron un patito de ellos y me regalaron un pingüino para el agua.

Si estamos en casa, todo empieza cuando papá me acuesta en el cambiador, sobre la cama de los papis, para hacerme saltar, mientras me saca la ropa. Mientras tanto, mami prepara el agua y llena la bañera. Después, por fin, me llevan al agua, donde me divierto chapoteando con Pingüi y Pato, tratando de evitar los ataques de mamá con champú, jabón y esponja. Incluso tengo que sacarle la esponja y morderla (a la esponja, a mami, no), para que pare y me deje jugar tranquila.

Como todo lo bueno, el baño termina demasiado pronto y empieza la tortura con la toalla, los pañales y la ropa. Para pasar el mal rato, me abrazo a Pato y lo llevo conmigo. Pero eso es para otra historia...

A veces, porque los papis se desordenan con los horarios, me toca bañarme en la casa de la abuela y ahí ni siquiera necesito chiches, porque en lugar de la bañera, usamos una piletita inflable, regalo de los tíos Ini y Charly, que es mucho, pero mucho más divertida. ¿Les cuento por qué?

Porque es bien flexible, entonces el agua salta, haciendo olas con sólo agitar mis piernas. Tardé un poco en darme cuenta cómo hacerlo, pero ahora que ya aprendí, lo practico siempre, chapoteando y salpicando para todos lados. Tanto que mami, la abuela y los tíos tardan un rato largo en secar todo el piso y la mesa, para dejar la cocina otra vez en orden. Y Taru, el perrito de la casa, se esconde, porque parece que no le gusta nada el agua. Yo no lo entiendo.

¿A ustedes les gusta el momento del baño? ¿Lo comparten con alguien? ¿Las otras mamis tienen algún ritual que respetar cuando bañan a sus bebés?"

Dientes! Dientes! Dientes!

Seguimos viendo crecer a Cande.

La novedad de esta semana es que están apareciendo los dientes de abajo. Los dos centrales, muy tímidamente, empiezan a asomarse de las encías. Y todo va a la boca, para practicar la mordida o aliviar las encías. Hay batallas campales en las que ataca con saña la cabeza de una muñequita y el pato de goma que la acompaña en sus baños.

Los mordillos también ayudan, pero tienen un problema fundamental: por más que muerda y muerda no consigue que salga el líquido que tienen adentro y eso la pone bastante furiosa. La vemos renegar y sacudirlos, con bronca, para ver si así sale algo de una buena vez. Entonces guardamos el mordillo y volvemos al pato de goma, que no la enoja.

También vivimos una modificación en su dieta, ya que suprimió la comida caliente. Sí, con este frío. Pero no quiere saber nada con nada que sea caliente o siquiera tibio... Es más, en su afán por lo frío, comió por fin la zanahoria, hecha papilla, mezclada con pera y recién salida de la heladera. Una de cal y una de arena: comemos zanahoria, pero suprimimos las cosas calientes de la dieta. Será una etapa.

Además, la vemos jugar con la lengua y los deditos, tocándose ese nuevo chiche que apareció en la boca, sonriendo de costado, por la novedad.

Eso sí, las fotos se las debo, porque cuando le pedimos que nos los muestre alterna entre cerrar la boca o sacar la lengua para esconderlos. Ya los veremos cuando se ría, una vez que estén bien asomados.

¿Cómo vivieron la dentición de sus hijos? ¿Es un camino de ida, como me dijeron varios? ¿Van aumentando las molestias, a medida que avanza la aparición de dientes? Son bienvenidos los consejos y comentarios...

Cancion de cuna para Candelaria


Comparto con ustedes la cancion de cuna para Maria Candelaria que compuso Ariel, mi esposo, dejando fluir toda la emocion que significa tenerla entre nosotros.
http://www.myspace.com/proyectophoenix

Es el primer tema del sitio, y se escucha al ingresar al link

Empezando a comer o la vida color naranja...


No estoy empezando por el principio, sino por lo que me toca vivir en estos días. Mi hija, querida Cande, está empezando a comer sólidos, de a poco, preparándose para la vida después de la teta.

"Empiecen con calabaza o zanahoria pisada (bien sabrosa) y banana o manzana pisada", dijo el pediatra.

A modo de prólogo, hicimos una sesión de shoping. Y otra vez nos vimos sorprendidos por la cantidad de modelos, colores, precios y funcionalidades para cosas tan simples como plato, vaso, cuchara y silla. Les cuento un poco más acerca de la silla de comer que elegimos: tiene doble bandeja, varias alturas, asiento reclinable y ruedas, accesorios absolutamente imprescindibles, según la vendedora, que también acotó que la íbamos a encontrar tan útil que no íbamos a poder salir de casa sin ella. Lo único que espero es que sea tan durable que la puedan usar hermanos y primos, porque no nos veo paseando en silla.

Una vez finalizadas las compras, me tocó cocinar. La primer comida fue puré de calabaza y fue más afuera que adentro, generándome una incógnita: ¿por qué el tapizado de la silla tan útil es celeste y no naranja, de forma tal que permita el camuflaje con el paisaje? El tiempo que llevó limpiar todo y volver la casa a su normalidad fue más que el tiempo que estuvimos con mi esposo tratando que algo de todo eso entre y se quede en Cande.

Todo es cuestión de paciencia... Las siguientes comidas fueron más éxitosas y cada vez más lo de adentro es más que lo que queda afuera.

La banana es de sus comidas preferidas y ahora agregamos compota de pera, ciruelas, yogur, cereales, puré de batata y carne picada con mucho éxito. Pero con la zanahoria no hay caso. Hasta ahora intenté darsela pisada con tenedor, procesada con minipimer, y el último grito de la moda entre bebés gourmet, según receta de Narda Lepes: hervida y pisada mezclada con pera. Tendrían que haber visto la carita de mi Cande después de haberle hecho probar esta super receta: una mezcla de expresiones entre: "qué asco, otra vez zanahoria" con "a quién se le ocurre arruinar una pera" y "esto no es ni comida ni postre". Dejaremos el ingrediente en suspenso y veremos más adelante.

Es más importante, ahora que sabemos qué le gusta y qué no, tratar de que mi hija entienda, a pesar del hambre, cómo es el procedimiento de recarga de la cuchara, minimizando la desesperación y sus iniciativas de arrebatarme el plato, para comer directamente de ahí.

¿Cómo les fue con la primera comida de su bebé? ¿Prefieren dulce o salado? Los que no son padres, ¿vivieron alguna experiencia dándole de comer a un bebé mientras aprende a hacerlo?

Cambiando la rutina del sábado

Como todos los sábados de este último mes, desde que el médico me mandó a hacer reposo (vida sedentaria, dijo) me levanté a media mañana. Como todos los sábados, desayunamos con Ariel y sin apuro. Como todos los sábados, leímos los mails y el diario en la computadora. Como todos los sábados nos preparábamos para ir a almorzar a casa de mis suegros. Como todos los sábados mi papá se ofreció a llevarnos...

Como ninguno, hasta este sábado, les tuve que decir que no siguieran con los planes de todos los sábados. María Candelaria, con el mismo ímpetu con el que creció en mi panza, no podía esperar dos semanas más para conocernos. Una catarata nos anunció el cambio de rumbo y nos llevó a la guardia del Sanatorio Parque.

Allí un doctor muy amable nos recibió y nos introdujo en una realidad suspendida, donde el tiempo transcurría a otra velocidad y lo único importante era la tranquilidad, para darle a la naturaleza su espacio para abrirse camino.

Abajo el vértigo del mediodía en la ciudad. Arriba, Ariel y yo en la sala de preparto, charlando, lejos por fin de las preocupaciones de los últimos cuatro meses, sin pensar por primera vez en entrevistas, trabajos que no aparecían o que llegaban todos juntos, departamentos, mudanzas, Rosario o Buenos Aires. Afuera, la familia esperando ansiosa a la nueva integrante: abuelos impacientes o tratando de contener las ansiedades, tíos viajando desde Buenos Aires con urgencia o yendo al médico para tener permiso para conocer a la sobrina; adentro sólo los dos, con nuestra hija haciendo su trabajo para salir, por fin solos y en paz, a pesar de la corridas y de no tener todo milimétricamente planeado como es nuestro gusto. Los celulares, con poca batería para no perder la costumbre, actúan como nexo entre los dos mundos.

El goteo va cayendo lentamente, haciendo avanzar el trabajo de parto, pero nuestra hija, escorpiana y temperamental, se resiste a ubicarse para salir.

Cuatro horas después (después nos enteramos que habían pasado cuatro horas, para nosotros había sido un ratito o la vida entera), yo había hecho mi parte, pero ella no quería hacer la suya. ¿Estaba muy cómoda o no tenía lugar? El doctor dijo que no quería correr riesgos, que no tenía sentido seguir esperando, que una cesárea era lo más seguro para las dos. Y partimos al quirófano…

Ariel me saluda y me espera en la habitación (218, para la quiniela, nos dijo la enfermera que nos la asignó). La familia va llegando, para acompañar en la espera. Entré al quirófano a las 17.45 hs.; este cambio de rutina que empezó a las 11.20 hs está por terminar. ¿O empezar?
Me recibe el anestesista, que con un pinchazo borra todas las molestias, al punto que no las recuerdo más. ¿La peridural tiene efecto amnésico? ¿O la amnesia la produce el llanto de mi hija, furiosa porque la sacaron de su único lugar conocido? 18.35 hs marcaba el reloj cuando la escuché llorar por primera vez, cuando la vi pasar de los brazos del médico a los de la neonatóloga, que la revisó adelante mío, me dejó besarla y se la llevó al papá.

Mientras tanto, quedé esperando al camillero más de lo que me hubiera gustado, para reunirme con mi familia, para abrazar a mi hija, para besar a mi esposo, para ver la cara de los nuevos abuelos y tíos.

“Es hermosa tu hija”, me dijo mi mamá. Y todos los que estaban esperándome, esperándola. Mi papá, Mario y Nancy, Sebastián, el padrino, que había podido llegar a tiempo desde Buenos Aires con Mercedes, Mariano. Faltaban Charly e Inés, él, enfermo y ella acompañándolo. Ya llegarían al día siguiente…

No puedo contarles la cara que pusieron cuando conocieron a María Candelaria ni sé cuántas llamadas hizo mi papá por celular, para contarle al mundo que era abuelo. Ni puedo describir la cara de Ariel cuando la puso en mis brazos, para prenderla a la teta y cerrar el círculo. Esa noche no dormimos nada y hablamos mucho, a pesar de los retos de la enfermera (aparentemente no era bueno para mi recuperación). Y disfrutamos de estar juntos y solos los tres, empezando a sentir este cambio definitivo de nuestra rutina.