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Enfermedades


Acá estoy de vuelta, retomando de a poco el ritmo normal de vida, después de una semana en suspenso.

Cande estuvo resfriada y con tos y todo giró alrededor de ella la semana pasada:
- visita preventiva al pediatra, sin turno, con todo lo que eso implica;
- guerras mortales con Monstruo Come Mocos;
- nebulizaciones (inversión justificada), de toda la familia, para mostrarle, mediante prueba empírica que la máscara no muerde;
- cuatro noches durmiendo a los saltos y todos juntos en la cama grande (menos mal que es bien grande), para evitarnos los paseos entre habitaciones y los sustos por algún ataque de tos que pudiera ahogarla.

Y para complicar el panorama, están asomando los dientes de arriba y empujando los de abajo de los costados, agregando molestias a la situación.

Por suerte, el invierno fue bastante benigno con la salud familiar, sobre todo de la pequeña, y ya termina. El año que viene nos va a encontrar más grandes y fuertes. ¿Cómo pasaron el invierno? ¿Y sus hijos? ¿Corren al médico enseguida o aplican remedios caseros?

En el consultorio del pediatra

Una de las tareas que involucra la maternidad, y para la que no estaba preparada, es la espera en el consultorio del pediatra. Imaginen la escena. Montones de chicos aburridos, algunos enfermos, otros inquietos, acompañados por sus madres y padres y/o abuelas, sentados frente a frente en un pasillo nunca demasiado ancho. Todos están aburridos de esperar y en busca de algo que los entretenga. Y ahí entro yo, con una bebé en brazos de unos pocos días o meses y me siento a esperar que me llamen, rogando por ser la próxima en la lista, para evitar alguna de estas situaciones.

Situación 1: Interrogatorio
Una o varias madres, para pasar el rato y no aburrirse tanto dirigen un interrogatorio disfrazado de diálogo amable: ¿es una nena?, ¿cómo se llama?, ¿cuánto pesa?, ¿duerme de noche?, ¿usa chupete?, ¿toma teta?, ¿es buena?
También se puede presentar en la forma de preguntas disfrazadas de pedidos de auxilio, algo así como: ¿cómo hiciste que te agarre el chupete?, ¿cómo te duerme tanto de noche?, ¿cómo haces para que sea tan tranquila?
Frente a esta situación lo único que me sale son monosílabos, para no perder las buenas maneras que me enseñó mi mamá, mientras ruego porque me llamen, antes de la próxima pregunta, mientras mi sonrisa va desapareciendo y mi tono de voz se vuelve cada vez más cortante.

Situación 2: Deseos de lucir los logros de los hijos
Empieza como la situación 1, pero se intercalan comentarios sobre los hijos de la interrogadora, que nadie pidió y a nadie le interesan, armando un diálogo que tiene más o menos esta forma:
- ¿Duerme de noche?
- Sí
- La mía dormía 10 horas desde el principio. ¿Y te agarró el chupete?
- Sólo cuando tiene mucho sueño.
- La mía nunca usó chupete, ninguna de las dos en realidad. Y dedo tampoco y se dormían solas en su cuna desde el principio.
¿Y a mí qué? Ni toda la educación de mi madre y mis abuelas pueden hacer que finja un tono interesado. Quiero que la conversación se termine o el doctor nos llame.

Situación 3: peligro nene suelto
Uno de los chicos aburridos que está esperando, se ve súbitamente interesado por la bebé que acaba de ingresar en mis brazos y se acerca peligrosamente para tocarla, gritarle o toserle encima. Y la madre, en lugar de llamarlo a su lado, se acerca diciendo “viste qué linda la nena” y desembocamos en una variante de la situación 1, en la que además de soltar monosílabos frente al interrogatorio, tengo que construir una barricada contra toses o manotazos del infante.

Situación 4: peligro madre suelta
Una de las madres aburridas que ya no tiene bebés decide retomar el contacto y se acomoda cerca para tocarla, preferentemente en la zona de piernas y cachetes, mientras dice “pero mirá qué linda”. La barricada tiene que ser contra la madre, mientras sus infantes corren y gritan por los pasillos, sin control y mi cara se va transformando al estilo Dr. Jekyll.

Hasta ahora (llevo sólo tres meses de mamá) no encontré la forma de evitar estas situaciones, pero sí unos tips para minimizarlas:

- nunca ir sola, para tener con quien hablar y hacer tu pequeño mundo al margen, sin que nadie se sienta en la obligación de darte charla para que no te aburras.

- evitar los lunes y viernes al sacar el turno. El pediatra es como el banco, en lunes, viernes y vísperas de feriados largos se junta más gente.

- evitar los primeros turnos. A media tarde van madres que no trabajan nada más que de madres y están aburridas y con ganas de charla, buscando armar una comunidad de madres que comparten el pediatra o algo del estilo. A última hora de la tarde va la gente que trabajó todo el día y tienen menos ganas de confraternizar con los acompañantes ocasionales.

- llegar sobre la hora

¿Se les ocurre algún otro tip? ¿Les pasa lo mismo en la sala de espera del médico propio o de sus hijos?

Eligiendo ciudad según el médico

Casi desde que me enteré que estaba embarazada, tuve que aprender a convivir con la incertidumbre. Este aprendizaje no me entusiasma demasiado, ya que necesito tener el control de las cosas pero las decisiones a tomar y las definiciones eran muchas, muy grandes y no dependía sólo de mí. La más grande, por el impacto, fue definir si nuestra hija iba a nacer rosarina o porteña.

Mientras se definía, y, sobreviviendo a varios sobresaltos que no viene al caso mencionar, hice que mi embarazo lo controlaran dos médicos: la ginecóloga que me atendía en Buenos Aires, que también es obstetra y un obstetra de Rosario. Acá comparto las observaciones que pude hacer comparándolos, aclarando que no estoy generalizando, sino sólo relatando mis experiencias:

- ¿es necesario tomar tantos suplementos de vitaminas y minerales? Mientras estuve en Buenos Aires tomé ácido fólico los tres primeros meses y un complejo de vitaminas y minerales hasta que aterricé en Rosario. Ahí, en el segundo control con el médico, lo suspendió, reemplazándolo por una dieta balanceada y equilibrada, para que tanto mi bebé estemos bien alimentadas. Los análisis de laboratorio le dieron la razón, ya que no mostraron carencias de ningún tipo.

- ¿son imprescindibles todos los estudios que te prescriben? Me habían dicho que por mi factor RH negativo tenía que hacerme un estudio por mes y una vacuna. Además, se estila el análisis de azúcar en sangre, que es una pequeña tortura que te insume toda la mañana en el laboratorio. Al mudarme de ciudad, me reemplazaron los 9 pinchazos del RH por uno al principio más una vacuna a los siete meses y me liberaron del análisis de azúcar, ya que los otros análisis de laboratorio dieron bien y no hay antecedentes en mi familia que lo justifiquen.

- ¿es más importante la medicación o la contención? Este es el punto clave de las diferencias. Cuando entraba al consultorio en Buenos Aires, lo primero que hacía era taparme de recetas y órdenes para estudios (crema, vitaminas, pastillas para el calcio y para la presión, por las dudas, ecografías, análisis y completen la lista con lo que se les ocurra). En Rosario, primero charlábamos para distender el ambiente (del clima, del trabajo, de la convivencia con la familia) y después pasábamos a la sección controles y por último recetas, si es que era necesario.

¿Cómo termina la historia? En la última visita a la médica de Buenos Aires, me sentí absolutamente ignorada por ella: eran más importantes su inminente viaje a Nueva York, la paciente que había salido antes que yo del consultorio (modelo publicitaria, con toda la onda y la mitad de mi peso actual) y el cuadro torcido (que tuvo que tratar de enderezar mi esposo). Esto desencadenó un pico de presión en el consultorio y un principio de ataque de nervios en la puerta, justificando mi decisión de cambiar de médico en Buenos Aires o quedarme en Rosario hasta que naciera mi hija.

Afortunadamente, las otras definiciones pendientes, milagrosamente se inclinaron a favor de Rosario y acá estoy, en mis últimas dos semanas de embarazo y atendiéndome con el médico que me hace sentir tranquila y contenida.

Del otro consultorio desaparecí y nadie sintió mi ausencia… ¿Cómo les fue a ustedes con estas decisiones?