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¿Y ahora qué?

El 2014 fue un año intenso, complicado, atravesado. Surcado de proyectos a nivel profesional y personal que se llevaron la mayor parte de nuestras energías. 

Además, Cande empezó en la escuela "de grandes", donde esperamos que termine su escolarización obligatoria y sea feliz. Y nos asustaba la transición del jardín maternal a una escuela gigante, en tamaño, cantidad de alumnos e historia. Y en lugar de 10 compañeritos, pasaba a tener 30. Por suerte, salió airosa del cambio y termino el ciclo lectivo amando a su escuela, con los patios diferentes, la seño que hizo magia para multiplicarse y atender a todos sus alumnitos y las clases de francés. Y cuenta los días que faltan para volver a reencontrarse con sus amigos, en la nueva sala y con la nueva maestra. Ya sala de 5. Parece mentira...

Y en el medio de estos temas, mientras tratábamos de encaminar y cerrar todos los temas pendientes, un test de embarazo nos marca las dos rayitas y nos enteramos que ahí íbamos de nuevo. A comprar pañales, a desempolvar la cuna, a airear la ropa de bebé y a ver si nos acordábamos como era eso de no dormir de noche.

El 2014 fue un año intenso, intrincado y atravesado por mi segundo embarazo. Hasta que el 26 de diciembre, después de una Navidad, muy tranquila, brindando con agua y sin excesos, llegó María Victoria. Muy parecida a la hermana, pesando 80 gramos más que ella, pero marcando enseguida las diferencias con su temperamento capricorniano. 

María Victoria. Chiquita, necesitada de nuestros mimos, buscando calor en los brazos de papá y mamá o del que quiera hacerle upa, llegaste a completar y a unir más nuestra familia. Tu hermana, que te quería desde la panza, te adora desde que te vio la primera vez. Se desvive por cuidarte y cuenta los días que faltan para que puedas sostener la cabeza o quedarte sentada, así puede ayudarte con más cosas. 

Tenés una familia grande, que te quiere mucho y que está creciendo. No sólo están mamá y papá y Cande, la hermana mayor. También tenés cuatro abuelos, cinco tíos y un primo. Más la madrina e infinidad de tías y tíos del corazón. Todos dispuestos a cuidarte y acompañarte mientras vas creciendo. 

Estamos a un mes de tu llegada y a nueve meses desde que apareció el positivo en el test y con papá dijimos ¿y ahora, qué? Ahora viene lo mejor. Doble de amor, doble de risas, doble de corridas, doble de disfrute, doble de aventuras y anécdotas. De eso se trata la vida. Bienvenida y a vivirla.




Lo cotidiano

Escuchar la alarma del despertador, apagarlo para que vuelva a sonar a los 10 minutos. Volver a escucharla. Apagarla. Levantarnos. Ducharnos por turno y desayunar con la radio, para escuchar los títulos del día y el estado del transporte público. Caminar cinco cuadras hasta la estación de tren. Esperar. Subir al vagón que se abre adelante nuestro. Viajar hasta Retiro, conversando un rato, programando el día. Bajar. Cruzar Libertador esquivando la gente. Llegar a Avenida Alem, agotados de la muchedumbre y el trajín. Caminar una cuadra más. Despedirnos con un beso, mientras él entra en su trabajo. 

Completar sola las 5 cuadras que me separan de la oficina. Entrar, saludar, marcar tarjeta, tomar el ascensor. Prender la computadora y buscar un café. Pensar en el fin de semana, la familia en Rosario, los amigos que nos ven en cuotas, cada dos o tres fin de semanas. ¿Vale la pena el sacrificio? ¿Es tan interesante el trabajo o tan importante la carrera que lo merezcan? 

Revisar los pendientes del día, priorizarlos. Atender el teléfono, resolver un problema, sentir el agradecimiento del otro lado de la línea. Pensar en el test de embarazo positivo. ¿Es una ciudad para que crezcan los hijos? ¿Vale la pena la crianza lejos de los abuelos y tíos? ¿Podemos renunciar a nuestra esencia? ¿Podemos permitir resignarnos? 

Decidir intentar el regreso. Buscar, buscar, buscar. Sentir que se agota el tiempo. Pensar si estamos haciendo lo correcto. Dejarse llevar. Ver cómo las cosas parecieran acomodarse. Ubicarnos de vuelta en Rosario. Aprender a trabajar en forma independiente ¿Seguir preguntándonos si hicimos bien, cinco años después? 

Ver a nuestra hija creciendo, compinche de sus cuatro abuelos, compinche de sus tíos. Sentir que los amigos de siempre volvieron a estar cerca. Sentir que estamos a mano para nuestros padres, que día a día se vuelven más grandes. 

Convencernos de que hicimos lo mejor, aunque laboralmente las cosas son más complicadas que en la gran capital. Sentir el agotamiento de tener que nadar contra corriente. Pelear contra la rutina, intentar mantener la vocación intacta. 

Preguntarnos como ser papá y mamá todos los días, todo el día, sin dejar de ser Ariel y Bea. Parecer a contramano por no renunciar a nuestras vidas de antes de ser padres. Incluir a nuestra hija en la agenda de adultos, en vez de cambiarla por una agenda infantil. Enseñarle a aburrirse. Pelear con los estereotipos. Renegar del rosa. Pelearme en los negocios de indumentaria por ese tema. Tratar de darle a Ariel el espacio para que siga siendo músico. Acompañarlo, tratar de hacerlo, sin quitarle tiempo a la mamá, a la docente, a la profesional, a la hija. 

Enfrentarnos al test de embarazo positivo. Sentir el vértigo de saber que allá vamos de nuevo. Saber que a pesar de todo, no estamos solos. Pensar si estamos haciendo lo correcto…


¿Por qué?



En estos meses de embarazada primero y mamá después me surgieron varias dudas sin respuesta. "No entiendo, no entiendo, qué sea un insecto", decía Tom Hanks en la película "Quisiera ser grande". Y yo estoy igual...
Acá las planteo a ver si me ayudan con las respuestas o si surgen nuevas preguntas.

1) ¿Por qué las nenas deben vestirse sólo de blanco y/o rosa?
¿Por qué te miran raro las vendedoras cuándo pedís otros colores, que por supuesto no existen? ¿No tiene 7 colores el arco iris? ¿Ser bebé y nena limita la paleta cromática a dos tonos, de todos los que pueden combinarse?

2) ¿Por qué cuando más cansada estás, más despierta está tu hija? ¿Existe algún proceso misterioso y simbiótico que te chupa la energía y se la pasa a ella?

3) ¿Por qué el living ordenado y limpio provoca desparramar juguetes? ¿No existe otra forma de jugar? ¿Por qué cuándo el piso ya no se ve del arsenal de juguetes derramados la única opción que queda es vaciar el baúl?

4) ¿Por qué piensan que me interesa lo que los hijos de otras madres hicieron y a qué edad? No me importa a qué edad caminó la hija de Alicia ni cuántas palabras decía el sobrino de Antonia a la edad de Cande. Me encanta disfrutar cada día con mi hija y ver cómo ella sola va descubriendo su lugar en el mundo.

5) ¿Por qué tiene que usar mamadera? ¿Dónde está escrito que forma parte del aprendizaje de todos los chicos? Si tuvo la suerte de tener una mamá full time que le pudo dar la teta mientras la leche era el único alimento... Si cuando aprendió a comer sólidos, aprendió en paralelo a usar el vaso con tapita... ¿por qué va a usar mamadera para tomar la leche, una vez que dejó la teta? ¿Y por qué le molesta al "mundo" que no use mamadera?

6) ¿Por qué crece taaaan rápido? Parece que fue ayer cuando la tuve por primera vez en mis brazos y se prendió por primera vez a mi teta. Y ahora camina, come sola, toma en vaso, se divierte dibujando y armando rompecabezas y nos dice lo que quiere y lo que no, señalando con el dedito. Y cuánto camino nos falta recorrer juntas...

¿Las mamis tienen alguna otra pregunta para agregar? ¿O alguna respuesta?

Sólo se vive una vez ...


En estos días estaba pensando, por nacimientos y embarazos varios entre mis amigas, todas las cosas que deberían enseñarte en algún lado (colegio, facultad, post grado) o contarte las que ya pasaron por eso. Y que no te enseñan ni te cuentan.

¿Nos olvidamos de eso, una vez que lo pasamos, al punto de no considerar que lo que tenemos para contar puede servir para paliar angustias y sobresaltos de nuestras amigas que nos siguen en el camino? ¿No están para eso las amigas?

Estoy hablando de las desventuras de ser madre primeriza, sobre todo cuando toda la familia es primeriza y se siente dueña de la criatura. Y nos encontramos con un ejército de abuelos, tíos, primos y primos de primos ansiosos de organizar nuestra vida según su comodidad, para disfrutar de la novedad en forma de bebé que ahora vive con nosotros.

Por supuesto, este ejército no considera la revolución hormonal que vive adentro nuestro, ni la experiencia del parto que terminamos de pasar hace apenas unos días ni la responsabilidad que tenemos por esa pequeña personita que depende de su mamá para todo.

Para romper esa tradición de silencio absoluto, van algunos puntos que es bueno tener presentes:

- Las visitas de compromiso no son recomendables (en realidad no son bienvenidas) durante por los menos, los primeros quince días. Necesitás descansar, acostumbrarte a tu nuevo cuerpo sin panza y aprender a conocer a tu bebé y todo eso es más importante que atender a parientes y/o amigos. Los que de verdad te quieren, sabrán comprender la situación perfectamente.

- Nadie mejor que tu bebé para avisarte cuando tiene hambre y cada cuanto necesita comer. Los "expertos" dicen que tiene que tomar entre 10 y 15 minutos de cada pecho. Pero probablemente te lleve una hora reloj cumplir con ese esquema, porque se va a quedar dormido en el medio. Cuanta mayor sea la frecuencia con la que se prenda al pecho, más leche va a bajar. Y los pechos se lastiman al principio. Y duelen, pero lo que los cura más rápido es la misma leche.

- Las horas de la comida del bebé son sagradas. Y deben cumplirse en un ambiente relajado y a solas. Sólo él y vos. Y el padre. Extraños abstenerse de aparecer y/o dar consejos. Y dentro de extraños se comprende a todos los que no ayuden a tu tranquilidad y su disfrute en ese momento.

- Es más fácil conseguir un doctorado en análisis matemático que entender la lógica de las marcas para poner los talles y medidas de pañales y ropa de bebé. Para los pañales, cuando encuentres la marca y el modelo del calce perfecto, mantenete fiel a ellos. Para la ropa, ante la duda, siempre un talle más. Los bebés crecen rápido y en algún momento le va a quedar bien.

- Vas a estar cansada, muy cansada. No te exijas ni pretendas seguir el ritmo que tenías antes. Dormí cuando puedas o te deje el bebé. Atendélo, que te necesita mucho y que la familia (padre, abuelos, tíos, etc.) te ayude con la casa.

- Ante la duda, consultá a tu mamá. Es la única que va a estar siempre disponible y la que te va a dar la mano más grande, respetando tu criterio y sin querer enseñarte lo que no pediste aprender.

A las madres, ¿se les ocurre algún otro consejo para agregar? A las que están por serlo, ¿tienen alguna duda? ¿Qué nos quedó en el tintero?

"La princesa malgeniuda" o A dormir la siesta


Había una vez una princesa, muy buena y muy hermosa que se llamaba María Candelaria. Esta pequeña princesa vivía con mamá y su papá y crecía rodeada del cariño de sus abuelos y tíos de sangre y del corazón.

Su mayor placer era jugar a descubrir el mundo junto con ellos: un papel, una botella de plástico, un perro salchicha y un control remoto eran sus juguetes favoritos.

Aunque también tenía otros: peluches, pelotas, muñecas y torres de barriles. Todo era diversión hasta que venía de visita un personaje al que ella consideraba el malvado del cuento: el Implacable Sueño.

Por supuesto, este visitante llegaba sin aviso y en los momentos más inoportunos, transformando a la dulce princesita en una pequeña tirana que alteraba el ritmo del reino con su berrinche. Y sus papis trataban por todos los medios de consolarla y explicarle que el Sueño no era un archi villano, sino un amigo, que venía a ayudarla a seguir creciendo linda y fuerte, pero nada daba resultado, y ella seguía su batalla, ajena a los consejos y los consuelos.

Finalmente, después de largos minutos (a veces horas) de pelea, caía derrotada en los brazos de Implacable Sueño, para despertar, finalizada la siesta, con fuerzas renovadas para volver a jugar y a aprender.

Por supuesto, ella, pequeña princesa de seis meses, no entiende que los nuevos poderes que tiene cada vez que se despierta se los da Sueño y sigue empecinada en su solitaria lucha. ¿Lo entenderá algún día? ¿Podrán sus papis convencerla?

¿Cómo les va a ustedes con este tema? ¿Les cuesta que sus chicos duerman la siesta? ¿Viven batallas similares?

Empezando a comer o la vida color naranja...


No estoy empezando por el principio, sino por lo que me toca vivir en estos días. Mi hija, querida Cande, está empezando a comer sólidos, de a poco, preparándose para la vida después de la teta.

"Empiecen con calabaza o zanahoria pisada (bien sabrosa) y banana o manzana pisada", dijo el pediatra.

A modo de prólogo, hicimos una sesión de shoping. Y otra vez nos vimos sorprendidos por la cantidad de modelos, colores, precios y funcionalidades para cosas tan simples como plato, vaso, cuchara y silla. Les cuento un poco más acerca de la silla de comer que elegimos: tiene doble bandeja, varias alturas, asiento reclinable y ruedas, accesorios absolutamente imprescindibles, según la vendedora, que también acotó que la íbamos a encontrar tan útil que no íbamos a poder salir de casa sin ella. Lo único que espero es que sea tan durable que la puedan usar hermanos y primos, porque no nos veo paseando en silla.

Una vez finalizadas las compras, me tocó cocinar. La primer comida fue puré de calabaza y fue más afuera que adentro, generándome una incógnita: ¿por qué el tapizado de la silla tan útil es celeste y no naranja, de forma tal que permita el camuflaje con el paisaje? El tiempo que llevó limpiar todo y volver la casa a su normalidad fue más que el tiempo que estuvimos con mi esposo tratando que algo de todo eso entre y se quede en Cande.

Todo es cuestión de paciencia... Las siguientes comidas fueron más éxitosas y cada vez más lo de adentro es más que lo que queda afuera.

La banana es de sus comidas preferidas y ahora agregamos compota de pera, ciruelas, yogur, cereales, puré de batata y carne picada con mucho éxito. Pero con la zanahoria no hay caso. Hasta ahora intenté darsela pisada con tenedor, procesada con minipimer, y el último grito de la moda entre bebés gourmet, según receta de Narda Lepes: hervida y pisada mezclada con pera. Tendrían que haber visto la carita de mi Cande después de haberle hecho probar esta super receta: una mezcla de expresiones entre: "qué asco, otra vez zanahoria" con "a quién se le ocurre arruinar una pera" y "esto no es ni comida ni postre". Dejaremos el ingrediente en suspenso y veremos más adelante.

Es más importante, ahora que sabemos qué le gusta y qué no, tratar de que mi hija entienda, a pesar del hambre, cómo es el procedimiento de recarga de la cuchara, minimizando la desesperación y sus iniciativas de arrebatarme el plato, para comer directamente de ahí.

¿Cómo les fue con la primera comida de su bebé? ¿Prefieren dulce o salado? Los que no son padres, ¿vivieron alguna experiencia dándole de comer a un bebé mientras aprende a hacerlo?

Jugando

Estos días, después de una visita a varias jugueterías de un shoping de la ciudad donde vivo y de comprarle el regalo por los cinco meses de vida a nuestra querida Cande, tuve varias revelaciones en relación a los juguetes para bebés.

En primer lugar podemos observar que los precios que se manejan en relación a chiches que sólo se van a usar unos pocos meses o ni siquiera, son verdaderamente desproporcionados. No nos olvidemos que los chicos crecen más rápido de lo que nos damos cuenta y sus intereses cambian constantemente.

Además, no importa cuanto camines y revuelvas en las jugueterías, para encontrar el juguete ideal. Vas a descubrir que ese muñeco, con texturas diferentes, sonajero, mordillo y licencia de una multinacional del entretenimiento, no va a ser nunca tan divertido como:
- el control remoto que tiene papá,
- el diario del tío,
- los exámenes por corregir de mamá,
- el perrito del padrino, cuanto más mugriento y baboso mejor.

Cande nos demostró en estos cinco meses y medio que no importa cuan inteligente sea el diseño del chiche. Nada es más divertido que desparramar una bolsa de alfajores, sentada arriba de la mesa de la casa de la abuela. O revolear el chupete cual boleadora. O sacudir los instrumentos de percusión de la madrina. O meter los deditos en el sintetizador de papá. O en el mate que mamá toma y le pasa a la abuela y a los tíos (aunque a veces queme un poquito).

Me parece que el mundo real es mucho más interesante que el mundo de los juguetes políticamente correctos y aptos para la estimulación temprana y el esparcimiento de nuestros bebés. Y para mejor, está disponible todo el tiempo y en todos lados.


¿Qué opinan ustedes?¿Qué experiencias tuvieron con juguetes para bebés?

En el consultorio del pediatra

Una de las tareas que involucra la maternidad, y para la que no estaba preparada, es la espera en el consultorio del pediatra. Imaginen la escena. Montones de chicos aburridos, algunos enfermos, otros inquietos, acompañados por sus madres y padres y/o abuelas, sentados frente a frente en un pasillo nunca demasiado ancho. Todos están aburridos de esperar y en busca de algo que los entretenga. Y ahí entro yo, con una bebé en brazos de unos pocos días o meses y me siento a esperar que me llamen, rogando por ser la próxima en la lista, para evitar alguna de estas situaciones.

Situación 1: Interrogatorio
Una o varias madres, para pasar el rato y no aburrirse tanto dirigen un interrogatorio disfrazado de diálogo amable: ¿es una nena?, ¿cómo se llama?, ¿cuánto pesa?, ¿duerme de noche?, ¿usa chupete?, ¿toma teta?, ¿es buena?
También se puede presentar en la forma de preguntas disfrazadas de pedidos de auxilio, algo así como: ¿cómo hiciste que te agarre el chupete?, ¿cómo te duerme tanto de noche?, ¿cómo haces para que sea tan tranquila?
Frente a esta situación lo único que me sale son monosílabos, para no perder las buenas maneras que me enseñó mi mamá, mientras ruego porque me llamen, antes de la próxima pregunta, mientras mi sonrisa va desapareciendo y mi tono de voz se vuelve cada vez más cortante.

Situación 2: Deseos de lucir los logros de los hijos
Empieza como la situación 1, pero se intercalan comentarios sobre los hijos de la interrogadora, que nadie pidió y a nadie le interesan, armando un diálogo que tiene más o menos esta forma:
- ¿Duerme de noche?
- Sí
- La mía dormía 10 horas desde el principio. ¿Y te agarró el chupete?
- Sólo cuando tiene mucho sueño.
- La mía nunca usó chupete, ninguna de las dos en realidad. Y dedo tampoco y se dormían solas en su cuna desde el principio.
¿Y a mí qué? Ni toda la educación de mi madre y mis abuelas pueden hacer que finja un tono interesado. Quiero que la conversación se termine o el doctor nos llame.

Situación 3: peligro nene suelto
Uno de los chicos aburridos que está esperando, se ve súbitamente interesado por la bebé que acaba de ingresar en mis brazos y se acerca peligrosamente para tocarla, gritarle o toserle encima. Y la madre, en lugar de llamarlo a su lado, se acerca diciendo “viste qué linda la nena” y desembocamos en una variante de la situación 1, en la que además de soltar monosílabos frente al interrogatorio, tengo que construir una barricada contra toses o manotazos del infante.

Situación 4: peligro madre suelta
Una de las madres aburridas que ya no tiene bebés decide retomar el contacto y se acomoda cerca para tocarla, preferentemente en la zona de piernas y cachetes, mientras dice “pero mirá qué linda”. La barricada tiene que ser contra la madre, mientras sus infantes corren y gritan por los pasillos, sin control y mi cara se va transformando al estilo Dr. Jekyll.

Hasta ahora (llevo sólo tres meses de mamá) no encontré la forma de evitar estas situaciones, pero sí unos tips para minimizarlas:

- nunca ir sola, para tener con quien hablar y hacer tu pequeño mundo al margen, sin que nadie se sienta en la obligación de darte charla para que no te aburras.

- evitar los lunes y viernes al sacar el turno. El pediatra es como el banco, en lunes, viernes y vísperas de feriados largos se junta más gente.

- evitar los primeros turnos. A media tarde van madres que no trabajan nada más que de madres y están aburridas y con ganas de charla, buscando armar una comunidad de madres que comparten el pediatra o algo del estilo. A última hora de la tarde va la gente que trabajó todo el día y tienen menos ganas de confraternizar con los acompañantes ocasionales.

- llegar sobre la hora

¿Se les ocurre algún otro tip? ¿Les pasa lo mismo en la sala de espera del médico propio o de sus hijos?

Cambiando la rutina del sábado

Como todos los sábados de este último mes, desde que el médico me mandó a hacer reposo (vida sedentaria, dijo) me levanté a media mañana. Como todos los sábados, desayunamos con Ariel y sin apuro. Como todos los sábados, leímos los mails y el diario en la computadora. Como todos los sábados nos preparábamos para ir a almorzar a casa de mis suegros. Como todos los sábados mi papá se ofreció a llevarnos...

Como ninguno, hasta este sábado, les tuve que decir que no siguieran con los planes de todos los sábados. María Candelaria, con el mismo ímpetu con el que creció en mi panza, no podía esperar dos semanas más para conocernos. Una catarata nos anunció el cambio de rumbo y nos llevó a la guardia del Sanatorio Parque.

Allí un doctor muy amable nos recibió y nos introdujo en una realidad suspendida, donde el tiempo transcurría a otra velocidad y lo único importante era la tranquilidad, para darle a la naturaleza su espacio para abrirse camino.

Abajo el vértigo del mediodía en la ciudad. Arriba, Ariel y yo en la sala de preparto, charlando, lejos por fin de las preocupaciones de los últimos cuatro meses, sin pensar por primera vez en entrevistas, trabajos que no aparecían o que llegaban todos juntos, departamentos, mudanzas, Rosario o Buenos Aires. Afuera, la familia esperando ansiosa a la nueva integrante: abuelos impacientes o tratando de contener las ansiedades, tíos viajando desde Buenos Aires con urgencia o yendo al médico para tener permiso para conocer a la sobrina; adentro sólo los dos, con nuestra hija haciendo su trabajo para salir, por fin solos y en paz, a pesar de la corridas y de no tener todo milimétricamente planeado como es nuestro gusto. Los celulares, con poca batería para no perder la costumbre, actúan como nexo entre los dos mundos.

El goteo va cayendo lentamente, haciendo avanzar el trabajo de parto, pero nuestra hija, escorpiana y temperamental, se resiste a ubicarse para salir.

Cuatro horas después (después nos enteramos que habían pasado cuatro horas, para nosotros había sido un ratito o la vida entera), yo había hecho mi parte, pero ella no quería hacer la suya. ¿Estaba muy cómoda o no tenía lugar? El doctor dijo que no quería correr riesgos, que no tenía sentido seguir esperando, que una cesárea era lo más seguro para las dos. Y partimos al quirófano…

Ariel me saluda y me espera en la habitación (218, para la quiniela, nos dijo la enfermera que nos la asignó). La familia va llegando, para acompañar en la espera. Entré al quirófano a las 17.45 hs.; este cambio de rutina que empezó a las 11.20 hs está por terminar. ¿O empezar?
Me recibe el anestesista, que con un pinchazo borra todas las molestias, al punto que no las recuerdo más. ¿La peridural tiene efecto amnésico? ¿O la amnesia la produce el llanto de mi hija, furiosa porque la sacaron de su único lugar conocido? 18.35 hs marcaba el reloj cuando la escuché llorar por primera vez, cuando la vi pasar de los brazos del médico a los de la neonatóloga, que la revisó adelante mío, me dejó besarla y se la llevó al papá.

Mientras tanto, quedé esperando al camillero más de lo que me hubiera gustado, para reunirme con mi familia, para abrazar a mi hija, para besar a mi esposo, para ver la cara de los nuevos abuelos y tíos.

“Es hermosa tu hija”, me dijo mi mamá. Y todos los que estaban esperándome, esperándola. Mi papá, Mario y Nancy, Sebastián, el padrino, que había podido llegar a tiempo desde Buenos Aires con Mercedes, Mariano. Faltaban Charly e Inés, él, enfermo y ella acompañándolo. Ya llegarían al día siguiente…

No puedo contarles la cara que pusieron cuando conocieron a María Candelaria ni sé cuántas llamadas hizo mi papá por celular, para contarle al mundo que era abuelo. Ni puedo describir la cara de Ariel cuando la puso en mis brazos, para prenderla a la teta y cerrar el círculo. Esa noche no dormimos nada y hablamos mucho, a pesar de los retos de la enfermera (aparentemente no era bueno para mi recuperación). Y disfrutamos de estar juntos y solos los tres, empezando a sentir este cambio definitivo de nuestra rutina.

Eligiendo ciudad según el médico

Casi desde que me enteré que estaba embarazada, tuve que aprender a convivir con la incertidumbre. Este aprendizaje no me entusiasma demasiado, ya que necesito tener el control de las cosas pero las decisiones a tomar y las definiciones eran muchas, muy grandes y no dependía sólo de mí. La más grande, por el impacto, fue definir si nuestra hija iba a nacer rosarina o porteña.

Mientras se definía, y, sobreviviendo a varios sobresaltos que no viene al caso mencionar, hice que mi embarazo lo controlaran dos médicos: la ginecóloga que me atendía en Buenos Aires, que también es obstetra y un obstetra de Rosario. Acá comparto las observaciones que pude hacer comparándolos, aclarando que no estoy generalizando, sino sólo relatando mis experiencias:

- ¿es necesario tomar tantos suplementos de vitaminas y minerales? Mientras estuve en Buenos Aires tomé ácido fólico los tres primeros meses y un complejo de vitaminas y minerales hasta que aterricé en Rosario. Ahí, en el segundo control con el médico, lo suspendió, reemplazándolo por una dieta balanceada y equilibrada, para que tanto mi bebé estemos bien alimentadas. Los análisis de laboratorio le dieron la razón, ya que no mostraron carencias de ningún tipo.

- ¿son imprescindibles todos los estudios que te prescriben? Me habían dicho que por mi factor RH negativo tenía que hacerme un estudio por mes y una vacuna. Además, se estila el análisis de azúcar en sangre, que es una pequeña tortura que te insume toda la mañana en el laboratorio. Al mudarme de ciudad, me reemplazaron los 9 pinchazos del RH por uno al principio más una vacuna a los siete meses y me liberaron del análisis de azúcar, ya que los otros análisis de laboratorio dieron bien y no hay antecedentes en mi familia que lo justifiquen.

- ¿es más importante la medicación o la contención? Este es el punto clave de las diferencias. Cuando entraba al consultorio en Buenos Aires, lo primero que hacía era taparme de recetas y órdenes para estudios (crema, vitaminas, pastillas para el calcio y para la presión, por las dudas, ecografías, análisis y completen la lista con lo que se les ocurra). En Rosario, primero charlábamos para distender el ambiente (del clima, del trabajo, de la convivencia con la familia) y después pasábamos a la sección controles y por último recetas, si es que era necesario.

¿Cómo termina la historia? En la última visita a la médica de Buenos Aires, me sentí absolutamente ignorada por ella: eran más importantes su inminente viaje a Nueva York, la paciente que había salido antes que yo del consultorio (modelo publicitaria, con toda la onda y la mitad de mi peso actual) y el cuadro torcido (que tuvo que tratar de enderezar mi esposo). Esto desencadenó un pico de presión en el consultorio y un principio de ataque de nervios en la puerta, justificando mi decisión de cambiar de médico en Buenos Aires o quedarme en Rosario hasta que naciera mi hija.

Afortunadamente, las otras definiciones pendientes, milagrosamente se inclinaron a favor de Rosario y acá estoy, en mis últimas dos semanas de embarazo y atendiéndome con el médico que me hace sentir tranquila y contenida.

Del otro consultorio desaparecí y nadie sintió mi ausencia… ¿Cómo les fue a ustedes con estas decisiones?

Preparando el ajuar

Retomo el tema de la preparación de la llegada del bebé, quiero compartir mi experiencia en la selección de su lugar en el mundo.

Después de mucho recorrer y mucho buscar encontramos la cuna perfecta para nuestra hija. Práctica, desarmable (para su archivo en un departamento de dos ambientes cuando no la necesite más), segura (habiendo revisado muchos modelos bailarines de catre) y bonita al mismo tiempo.

Una vez elegido el modelo de mini cuna, teníamos que definir el diseño, para preparar su rincón en combinado: sábanas, acolchado y accesorios. Con referencia a este tema, todos tienen una opinión formada y quieren hacértela saber y que la adoptes, coincida con tus gustos o creencias o no. Por eso no nos sorprendió la pregunta inevitable de la vendedora:
- ¿Ya saben qué es?
- Sí, es una nena, pero no queremos nada rosa ni celeste. ¿Qué tenés en colores neutros?
Cara de espanto de nuestra interlocutora.

No era el momento para explicarle que María Candelaria es la primer bebé de su generación y que la cuna tiene que estar disponible para sus futuros hermanos y primos. Y tampoco para detallarle cuanto odia la mamá de María Candelaria el color rosa y las convenciones sociales en cuanto a división de los sexos y cuanto detesta el papá las modas y lo que usa todo el mundo. Así que mantuvimos cara de nada y pedimos que muestre los modelos de colores neutrales.
Las opciones fueron: verde chillón con rana, verde seco y crudo, con honguitos, naranja (durazno, en realidad era el nombre del color) con animalitos y crudo (descartado inmediatamente, por una cuestión de practicidad en cuanto a limpieza).

Y vuelve el comentario desafortunado:
- La rana se lleva muchísimo. Es lo que está más de onda.
- Entonces, descartemos la rana. Veamos los otros.
Volvió la cara de espanto, pero trajo los otros modelos.
Finalmente elegimos el verde y crudo con hongos, precioso y muy delicado. Y pasamos a los accesorios, sin demasiados contratiempos hasta la elección del bolso…

Aparentemente, verde seco no había, y en lugar de buscar más opciones y ganarse la venta, volvió al ataque:
- Mirá qué hermoso este bolso rosa. ¿No es super delicado? ¿No te tienta?
No me tentaba ni un poquito.
- Se imagina qué hermoso y delicado le va a quedar colgado del hombro a mi esposo – Tengo que aclararles que mi esposo mide cerca de 1.90 m. y no tiene un físico en el que el color rosa sea sentador bajo ningún punto de vista.
Resignación, frente a un argumento irrebatible, pero sin sentirse derrotada todavía, insiste:
- Y este blanco, con pintitas rosas y verdes. El rosa casi no se ve…
- ¿Blanco? ¿Para un bolso que va a andar por todos lados? – Y el rosa sí se veía y mucho, pero no insistí en eso.
- Entonces, ¿qué te muestro? ¡Rosa no querés y la rana no les gusta!

Finalmente, después de revolver bastante, encontramos el bolso perfecto (crudo y plastificado), para combinar con el resto de los accesorios elegidos y nos fuimos en paz. Pero con varias preguntas sin respuesta dándonos vuelta:
¿Por qué tiene que ser todo rosa si estamos esperando la llegada de una bebé nena?
¿Por qué hay que seguir los dictados de la moda y comprar todo lo que lleva todo el mundo? ¿Tan difícil es tener gustos diferentes? ¿Por qué seguir las convenciones sociales? ¿Por qué estará de moda la rana, con ese verde tan chillón?
¿Estas situaciones se van a repetir en cada etapa de la crianza de nuestra hija?

Reflexiones de una embarazada en una expo


Por diferentes circunstancias de la vida (reposo obligado, cambio de trabajo de mi esposo, mudanza de ciudad, emprendimiento bloguero con mis amigas), empecé a escribir reflexiones sobre lo que me vivía mientras transcurría mi embarazo. Y comparto estas reflexiones con ustedes, en este nuevo espacio, más las que irán surgiendo mientras mi hija crece. Empecemos con los preparativos para su llegada:

Faltando dos meses para su nacimiento, no pudimos postergar más las decisiones relacionadas con sus necesidades materiales en este mundo. Y la experiencia de preparar su ajuar merece ser compartida.

Por recomendación de una amiga, también embarazada, pero de su segundo hijo, decidí convencer a mi esposo, Ariel, para visitar la Expo AhoraMamá, en la búsqueda del ajuar de María Candelaria. Temiendo los amontonamientos de gente, previsibles los fines de semana en esos lugares, decidimos ir el viernes pasado, temprano, a pesar de las inclemencias climáticas.
Los dos somos organizados y nos gusta planificar las cosas, así que entramos al predio con una lista de lo que pensábamos buscar y ver y los precios estimados de lo mismo afuera de la muestra, para no sobrecargarnos de paquetes.

Llegamos tranquilos y pudimos hacer la primera recorrida, evaluando opciones y viendo que ofrecían en cada stand. Compramos los pañales, tamaño recién nacido, en promoción, casi a la mitad de lo que estaban en el supermercado y continuamos con los otros ítems de la lista, cuando, repentinamente, el lugar se llenó de cientos de mujeres enardecidas, armadas con cochecitos y/o panzas, corriendo desesperadas en pos de promociones, cupones de sorteos y folletos.

Sacudidos por las hordas femeninas (más temibles que las guerreras amazonas) terminamos de comprar los elementos del kit higiene y elegimos el chupete. Tratamos de acercarnos al último stand de nuestro planeado recorrido, zarandeados y arrastrados por las huestes de mujeres desesperadas, sin conseguir que ningún vendedor nos atendiera. Estaban todos muy ocupados estacionando cochecitos y hablando entre ellos o atendiendo a locas chillonas. Así que agotados, huimos despavoridos.

En el camino de vuelta a casa, Ariel me dijo, como conclusión del paseo que las mujeres embarazadas son malas cuando están todas juntas. Poco instinto maternal y mucho consumismo flotaban en el ambiente: colas de media cuadra para hacerse ecografías 4D gratis (puro comercio, ya que no se usa para diagnóstico ni control de nada, sino para tener una foto o un video), madres peleando por entrar en un stand donde podías escuchar el corazón de tu bebé (lo hacés sin hacer cola en cada consulta al obstetra, con tu esposo y en la intimidad del consultorio), luchas por cupones de sorteos, que tienen como único fin tomar tus datos para venderlos o usarlos en promociones, locutoras gritonas anunciando el stand del próximo sorteos, provocando estampidas de panzonas y cochecitos con bebés aterrorizados.

Si la preparación de la llegada de un hijo se vive así, definitivamente no estoy en esa onda. ¿Ustedes qué opinan? ¿Vivieron experiencias similares?