"La princesa malgeniuda" o A dormir la siesta


Había una vez una princesa, muy buena y muy hermosa que se llamaba María Candelaria. Esta pequeña princesa vivía con mamá y su papá y crecía rodeada del cariño de sus abuelos y tíos de sangre y del corazón.

Su mayor placer era jugar a descubrir el mundo junto con ellos: un papel, una botella de plástico, un perro salchicha y un control remoto eran sus juguetes favoritos.

Aunque también tenía otros: peluches, pelotas, muñecas y torres de barriles. Todo era diversión hasta que venía de visita un personaje al que ella consideraba el malvado del cuento: el Implacable Sueño.

Por supuesto, este visitante llegaba sin aviso y en los momentos más inoportunos, transformando a la dulce princesita en una pequeña tirana que alteraba el ritmo del reino con su berrinche. Y sus papis trataban por todos los medios de consolarla y explicarle que el Sueño no era un archi villano, sino un amigo, que venía a ayudarla a seguir creciendo linda y fuerte, pero nada daba resultado, y ella seguía su batalla, ajena a los consejos y los consuelos.

Finalmente, después de largos minutos (a veces horas) de pelea, caía derrotada en los brazos de Implacable Sueño, para despertar, finalizada la siesta, con fuerzas renovadas para volver a jugar y a aprender.

Por supuesto, ella, pequeña princesa de seis meses, no entiende que los nuevos poderes que tiene cada vez que se despierta se los da Sueño y sigue empecinada en su solitaria lucha. ¿Lo entenderá algún día? ¿Podrán sus papis convencerla?

¿Cómo les va a ustedes con este tema? ¿Les cuesta que sus chicos duerman la siesta? ¿Viven batallas similares?

Cancion de cuna para Candelaria


Comparto con ustedes la cancion de cuna para Maria Candelaria que compuso Ariel, mi esposo, dejando fluir toda la emocion que significa tenerla entre nosotros.
http://www.myspace.com/proyectophoenix

Es el primer tema del sitio, y se escucha al ingresar al link

Empezando a comer o la vida color naranja...


No estoy empezando por el principio, sino por lo que me toca vivir en estos días. Mi hija, querida Cande, está empezando a comer sólidos, de a poco, preparándose para la vida después de la teta.

"Empiecen con calabaza o zanahoria pisada (bien sabrosa) y banana o manzana pisada", dijo el pediatra.

A modo de prólogo, hicimos una sesión de shoping. Y otra vez nos vimos sorprendidos por la cantidad de modelos, colores, precios y funcionalidades para cosas tan simples como plato, vaso, cuchara y silla. Les cuento un poco más acerca de la silla de comer que elegimos: tiene doble bandeja, varias alturas, asiento reclinable y ruedas, accesorios absolutamente imprescindibles, según la vendedora, que también acotó que la íbamos a encontrar tan útil que no íbamos a poder salir de casa sin ella. Lo único que espero es que sea tan durable que la puedan usar hermanos y primos, porque no nos veo paseando en silla.

Una vez finalizadas las compras, me tocó cocinar. La primer comida fue puré de calabaza y fue más afuera que adentro, generándome una incógnita: ¿por qué el tapizado de la silla tan útil es celeste y no naranja, de forma tal que permita el camuflaje con el paisaje? El tiempo que llevó limpiar todo y volver la casa a su normalidad fue más que el tiempo que estuvimos con mi esposo tratando que algo de todo eso entre y se quede en Cande.

Todo es cuestión de paciencia... Las siguientes comidas fueron más éxitosas y cada vez más lo de adentro es más que lo que queda afuera.

La banana es de sus comidas preferidas y ahora agregamos compota de pera, ciruelas, yogur, cereales, puré de batata y carne picada con mucho éxito. Pero con la zanahoria no hay caso. Hasta ahora intenté darsela pisada con tenedor, procesada con minipimer, y el último grito de la moda entre bebés gourmet, según receta de Narda Lepes: hervida y pisada mezclada con pera. Tendrían que haber visto la carita de mi Cande después de haberle hecho probar esta super receta: una mezcla de expresiones entre: "qué asco, otra vez zanahoria" con "a quién se le ocurre arruinar una pera" y "esto no es ni comida ni postre". Dejaremos el ingrediente en suspenso y veremos más adelante.

Es más importante, ahora que sabemos qué le gusta y qué no, tratar de que mi hija entienda, a pesar del hambre, cómo es el procedimiento de recarga de la cuchara, minimizando la desesperación y sus iniciativas de arrebatarme el plato, para comer directamente de ahí.

¿Cómo les fue con la primera comida de su bebé? ¿Prefieren dulce o salado? Los que no son padres, ¿vivieron alguna experiencia dándole de comer a un bebé mientras aprende a hacerlo?

Jugando

Estos días, después de una visita a varias jugueterías de un shoping de la ciudad donde vivo y de comprarle el regalo por los cinco meses de vida a nuestra querida Cande, tuve varias revelaciones en relación a los juguetes para bebés.

En primer lugar podemos observar que los precios que se manejan en relación a chiches que sólo se van a usar unos pocos meses o ni siquiera, son verdaderamente desproporcionados. No nos olvidemos que los chicos crecen más rápido de lo que nos damos cuenta y sus intereses cambian constantemente.

Además, no importa cuanto camines y revuelvas en las jugueterías, para encontrar el juguete ideal. Vas a descubrir que ese muñeco, con texturas diferentes, sonajero, mordillo y licencia de una multinacional del entretenimiento, no va a ser nunca tan divertido como:
- el control remoto que tiene papá,
- el diario del tío,
- los exámenes por corregir de mamá,
- el perrito del padrino, cuanto más mugriento y baboso mejor.

Cande nos demostró en estos cinco meses y medio que no importa cuan inteligente sea el diseño del chiche. Nada es más divertido que desparramar una bolsa de alfajores, sentada arriba de la mesa de la casa de la abuela. O revolear el chupete cual boleadora. O sacudir los instrumentos de percusión de la madrina. O meter los deditos en el sintetizador de papá. O en el mate que mamá toma y le pasa a la abuela y a los tíos (aunque a veces queme un poquito).

Me parece que el mundo real es mucho más interesante que el mundo de los juguetes políticamente correctos y aptos para la estimulación temprana y el esparcimiento de nuestros bebés. Y para mejor, está disponible todo el tiempo y en todos lados.


¿Qué opinan ustedes?¿Qué experiencias tuvieron con juguetes para bebés?

En el consultorio del pediatra

Una de las tareas que involucra la maternidad, y para la que no estaba preparada, es la espera en el consultorio del pediatra. Imaginen la escena. Montones de chicos aburridos, algunos enfermos, otros inquietos, acompañados por sus madres y padres y/o abuelas, sentados frente a frente en un pasillo nunca demasiado ancho. Todos están aburridos de esperar y en busca de algo que los entretenga. Y ahí entro yo, con una bebé en brazos de unos pocos días o meses y me siento a esperar que me llamen, rogando por ser la próxima en la lista, para evitar alguna de estas situaciones.

Situación 1: Interrogatorio
Una o varias madres, para pasar el rato y no aburrirse tanto dirigen un interrogatorio disfrazado de diálogo amable: ¿es una nena?, ¿cómo se llama?, ¿cuánto pesa?, ¿duerme de noche?, ¿usa chupete?, ¿toma teta?, ¿es buena?
También se puede presentar en la forma de preguntas disfrazadas de pedidos de auxilio, algo así como: ¿cómo hiciste que te agarre el chupete?, ¿cómo te duerme tanto de noche?, ¿cómo haces para que sea tan tranquila?
Frente a esta situación lo único que me sale son monosílabos, para no perder las buenas maneras que me enseñó mi mamá, mientras ruego porque me llamen, antes de la próxima pregunta, mientras mi sonrisa va desapareciendo y mi tono de voz se vuelve cada vez más cortante.

Situación 2: Deseos de lucir los logros de los hijos
Empieza como la situación 1, pero se intercalan comentarios sobre los hijos de la interrogadora, que nadie pidió y a nadie le interesan, armando un diálogo que tiene más o menos esta forma:
- ¿Duerme de noche?
- Sí
- La mía dormía 10 horas desde el principio. ¿Y te agarró el chupete?
- Sólo cuando tiene mucho sueño.
- La mía nunca usó chupete, ninguna de las dos en realidad. Y dedo tampoco y se dormían solas en su cuna desde el principio.
¿Y a mí qué? Ni toda la educación de mi madre y mis abuelas pueden hacer que finja un tono interesado. Quiero que la conversación se termine o el doctor nos llame.

Situación 3: peligro nene suelto
Uno de los chicos aburridos que está esperando, se ve súbitamente interesado por la bebé que acaba de ingresar en mis brazos y se acerca peligrosamente para tocarla, gritarle o toserle encima. Y la madre, en lugar de llamarlo a su lado, se acerca diciendo “viste qué linda la nena” y desembocamos en una variante de la situación 1, en la que además de soltar monosílabos frente al interrogatorio, tengo que construir una barricada contra toses o manotazos del infante.

Situación 4: peligro madre suelta
Una de las madres aburridas que ya no tiene bebés decide retomar el contacto y se acomoda cerca para tocarla, preferentemente en la zona de piernas y cachetes, mientras dice “pero mirá qué linda”. La barricada tiene que ser contra la madre, mientras sus infantes corren y gritan por los pasillos, sin control y mi cara se va transformando al estilo Dr. Jekyll.

Hasta ahora (llevo sólo tres meses de mamá) no encontré la forma de evitar estas situaciones, pero sí unos tips para minimizarlas:

- nunca ir sola, para tener con quien hablar y hacer tu pequeño mundo al margen, sin que nadie se sienta en la obligación de darte charla para que no te aburras.

- evitar los lunes y viernes al sacar el turno. El pediatra es como el banco, en lunes, viernes y vísperas de feriados largos se junta más gente.

- evitar los primeros turnos. A media tarde van madres que no trabajan nada más que de madres y están aburridas y con ganas de charla, buscando armar una comunidad de madres que comparten el pediatra o algo del estilo. A última hora de la tarde va la gente que trabajó todo el día y tienen menos ganas de confraternizar con los acompañantes ocasionales.

- llegar sobre la hora

¿Se les ocurre algún otro tip? ¿Les pasa lo mismo en la sala de espera del médico propio o de sus hijos?

Cambiando la rutina del sábado

Como todos los sábados de este último mes, desde que el médico me mandó a hacer reposo (vida sedentaria, dijo) me levanté a media mañana. Como todos los sábados, desayunamos con Ariel y sin apuro. Como todos los sábados, leímos los mails y el diario en la computadora. Como todos los sábados nos preparábamos para ir a almorzar a casa de mis suegros. Como todos los sábados mi papá se ofreció a llevarnos...

Como ninguno, hasta este sábado, les tuve que decir que no siguieran con los planes de todos los sábados. María Candelaria, con el mismo ímpetu con el que creció en mi panza, no podía esperar dos semanas más para conocernos. Una catarata nos anunció el cambio de rumbo y nos llevó a la guardia del Sanatorio Parque.

Allí un doctor muy amable nos recibió y nos introdujo en una realidad suspendida, donde el tiempo transcurría a otra velocidad y lo único importante era la tranquilidad, para darle a la naturaleza su espacio para abrirse camino.

Abajo el vértigo del mediodía en la ciudad. Arriba, Ariel y yo en la sala de preparto, charlando, lejos por fin de las preocupaciones de los últimos cuatro meses, sin pensar por primera vez en entrevistas, trabajos que no aparecían o que llegaban todos juntos, departamentos, mudanzas, Rosario o Buenos Aires. Afuera, la familia esperando ansiosa a la nueva integrante: abuelos impacientes o tratando de contener las ansiedades, tíos viajando desde Buenos Aires con urgencia o yendo al médico para tener permiso para conocer a la sobrina; adentro sólo los dos, con nuestra hija haciendo su trabajo para salir, por fin solos y en paz, a pesar de la corridas y de no tener todo milimétricamente planeado como es nuestro gusto. Los celulares, con poca batería para no perder la costumbre, actúan como nexo entre los dos mundos.

El goteo va cayendo lentamente, haciendo avanzar el trabajo de parto, pero nuestra hija, escorpiana y temperamental, se resiste a ubicarse para salir.

Cuatro horas después (después nos enteramos que habían pasado cuatro horas, para nosotros había sido un ratito o la vida entera), yo había hecho mi parte, pero ella no quería hacer la suya. ¿Estaba muy cómoda o no tenía lugar? El doctor dijo que no quería correr riesgos, que no tenía sentido seguir esperando, que una cesárea era lo más seguro para las dos. Y partimos al quirófano…

Ariel me saluda y me espera en la habitación (218, para la quiniela, nos dijo la enfermera que nos la asignó). La familia va llegando, para acompañar en la espera. Entré al quirófano a las 17.45 hs.; este cambio de rutina que empezó a las 11.20 hs está por terminar. ¿O empezar?
Me recibe el anestesista, que con un pinchazo borra todas las molestias, al punto que no las recuerdo más. ¿La peridural tiene efecto amnésico? ¿O la amnesia la produce el llanto de mi hija, furiosa porque la sacaron de su único lugar conocido? 18.35 hs marcaba el reloj cuando la escuché llorar por primera vez, cuando la vi pasar de los brazos del médico a los de la neonatóloga, que la revisó adelante mío, me dejó besarla y se la llevó al papá.

Mientras tanto, quedé esperando al camillero más de lo que me hubiera gustado, para reunirme con mi familia, para abrazar a mi hija, para besar a mi esposo, para ver la cara de los nuevos abuelos y tíos.

“Es hermosa tu hija”, me dijo mi mamá. Y todos los que estaban esperándome, esperándola. Mi papá, Mario y Nancy, Sebastián, el padrino, que había podido llegar a tiempo desde Buenos Aires con Mercedes, Mariano. Faltaban Charly e Inés, él, enfermo y ella acompañándolo. Ya llegarían al día siguiente…

No puedo contarles la cara que pusieron cuando conocieron a María Candelaria ni sé cuántas llamadas hizo mi papá por celular, para contarle al mundo que era abuelo. Ni puedo describir la cara de Ariel cuando la puso en mis brazos, para prenderla a la teta y cerrar el círculo. Esa noche no dormimos nada y hablamos mucho, a pesar de los retos de la enfermera (aparentemente no era bueno para mi recuperación). Y disfrutamos de estar juntos y solos los tres, empezando a sentir este cambio definitivo de nuestra rutina.

Eligiendo ciudad según el médico

Casi desde que me enteré que estaba embarazada, tuve que aprender a convivir con la incertidumbre. Este aprendizaje no me entusiasma demasiado, ya que necesito tener el control de las cosas pero las decisiones a tomar y las definiciones eran muchas, muy grandes y no dependía sólo de mí. La más grande, por el impacto, fue definir si nuestra hija iba a nacer rosarina o porteña.

Mientras se definía, y, sobreviviendo a varios sobresaltos que no viene al caso mencionar, hice que mi embarazo lo controlaran dos médicos: la ginecóloga que me atendía en Buenos Aires, que también es obstetra y un obstetra de Rosario. Acá comparto las observaciones que pude hacer comparándolos, aclarando que no estoy generalizando, sino sólo relatando mis experiencias:

- ¿es necesario tomar tantos suplementos de vitaminas y minerales? Mientras estuve en Buenos Aires tomé ácido fólico los tres primeros meses y un complejo de vitaminas y minerales hasta que aterricé en Rosario. Ahí, en el segundo control con el médico, lo suspendió, reemplazándolo por una dieta balanceada y equilibrada, para que tanto mi bebé estemos bien alimentadas. Los análisis de laboratorio le dieron la razón, ya que no mostraron carencias de ningún tipo.

- ¿son imprescindibles todos los estudios que te prescriben? Me habían dicho que por mi factor RH negativo tenía que hacerme un estudio por mes y una vacuna. Además, se estila el análisis de azúcar en sangre, que es una pequeña tortura que te insume toda la mañana en el laboratorio. Al mudarme de ciudad, me reemplazaron los 9 pinchazos del RH por uno al principio más una vacuna a los siete meses y me liberaron del análisis de azúcar, ya que los otros análisis de laboratorio dieron bien y no hay antecedentes en mi familia que lo justifiquen.

- ¿es más importante la medicación o la contención? Este es el punto clave de las diferencias. Cuando entraba al consultorio en Buenos Aires, lo primero que hacía era taparme de recetas y órdenes para estudios (crema, vitaminas, pastillas para el calcio y para la presión, por las dudas, ecografías, análisis y completen la lista con lo que se les ocurra). En Rosario, primero charlábamos para distender el ambiente (del clima, del trabajo, de la convivencia con la familia) y después pasábamos a la sección controles y por último recetas, si es que era necesario.

¿Cómo termina la historia? En la última visita a la médica de Buenos Aires, me sentí absolutamente ignorada por ella: eran más importantes su inminente viaje a Nueva York, la paciente que había salido antes que yo del consultorio (modelo publicitaria, con toda la onda y la mitad de mi peso actual) y el cuadro torcido (que tuvo que tratar de enderezar mi esposo). Esto desencadenó un pico de presión en el consultorio y un principio de ataque de nervios en la puerta, justificando mi decisión de cambiar de médico en Buenos Aires o quedarme en Rosario hasta que naciera mi hija.

Afortunadamente, las otras definiciones pendientes, milagrosamente se inclinaron a favor de Rosario y acá estoy, en mis últimas dos semanas de embarazo y atendiéndome con el médico que me hace sentir tranquila y contenida.

Del otro consultorio desaparecí y nadie sintió mi ausencia… ¿Cómo les fue a ustedes con estas decisiones?