Hace más de un año que no escribo... La última vez fue el 23 de febrero, por nuestro aniversario.
Mi amiga Ceci me lo recordó esta semana. Ella lo leía primero para divertirse y después como material de estudio, mientras esperaba a Elena, su primera hija. Ahora puede enseñarme a mí, como mamá por dos.
Cuando empecé a escribir, era un ejercicio que funcionaba como extensión de un taller de escritura. Después, una sección de blog que compartía con otras tres mujeres, que sirvió de soporte durante mi embarazo + búsqueda de trabajo + mudanza, lejos de la familia y de mis amigas de siempre. Y finalmente, un espacio propio, para compartir experiencias, mientras ocupaba las horas como mamá full time, después de muchos años de trabajo full time.
Y a medida que Cande fue creciendo y haciéndose independiente, escribí cada vez menos. Cambié las horas de escritura por horas de trabajo; la agenda se fue llenando de a poco, volví a encontrarme con mis amigas de siempre, volví a tener tiempo para mí...
Y las aventuras se resumieron en lo que permite publicar el perfil de Facebook. Ya no puedo escribir como si fuera ella, porque ella tiene su voz. Y cada día trabaja para que sea personal, propia, independiente de la nuestra. No puedo hacerla hablar, puedo reproducirles lo que dice. Voy a tratar de hacerlo, porque creo que es más interesante que lo que le hacía decir yo.
Cande creció. Tiene 4 años. Empieza la escuela en un par de semanas. Quiere volar sola, caminar suelta por la calle y cruzar sin darte la mano. Los programas más interesantes son siempre "sin los papis". Y lo remarca, para que quede claro. Pero me dice todos los días que me quiere, que me queda bien el vestido y me pregunta cuando vuelvo a casa, "¿cómo fue tu día?" Y con esa sola pregunta, soluciona todos los problemas que puedan haber entrado a casa.
Para no perder el hábito, voy a tratar de volver al post semanal, contando las aventuras nuevas o las que me quedaron en el tintero. Y escucho sus aventuras...
Mientras veo crecer a mi hija, uso este espacio para compartir vivencias, reflexiones, relatos y recuerdos de estos meses pasados y futuros... Y ahora son dos.
Bodas de madera...
Hace 11 años salimos solos por primera vez para ver qué onda. Después de esa noche, salimos muchas noches más. Y días... Conocí a tu familia y vos a la mía, que fue más difícil, porque son más.
Estuviste en la puerta del aula cuando me recibí, con un oso blanco que ahora es de Cande.
Disfrutamos, compartimos y crecimos juntos. Cambiamos de trabajo, de ciudad, de bajo. Formaste una nueva banda, con la que ahora finalmente estás grabando el disco. Y yo estoy jugando un poco al manager, un poco al productor para darles una mano.
Hace 5 años nos casamos, una tarde cálida, con el sol más alto de lo debido por el cambio de horario sancionado por el Congreso. Y la tarde se transformó en una noche mágica, en la que desplegamos el show que habíamos imaginado durante 6 meses, para nuestras familias y amigos...
Hace 4 años quedamos embarazados, también por estas fechas y decidimos que hacía falta un nuevo cambio. Ese bebé que crecía despacito en mí necesitaba desarrollarse cerca de sus abuelos y tíos. Y otra vez, juntamos todo y volvimos a cambiar de trabajo, de ciudad, de estilo de vida... Y el bebé fue Cande y pudo nacer acá, donde nos criamos y nos conocimos y donde tanta gente nos quiere tanto.

Y acá estamos. Juntos, de frente a la vida, viendo crecer a Cande. Y parece mentira que sea la señora de Loza. Y parece mentira que haya pasado tanto tiempo.
Bodas de madera. ¿Será porque nuestro amor se va haciendo más fuerte?
Estuviste en la puerta del aula cuando me recibí, con un oso blanco que ahora es de Cande. Disfrutamos, compartimos y crecimos juntos. Cambiamos de trabajo, de ciudad, de bajo. Formaste una nueva banda, con la que ahora finalmente estás grabando el disco. Y yo estoy jugando un poco al manager, un poco al productor para darles una mano.
Hace 5 años nos casamos, una tarde cálida, con el sol más alto de lo debido por el cambio de horario sancionado por el Congreso. Y la tarde se transformó en una noche mágica, en la que desplegamos el show que habíamos imaginado durante 6 meses, para nuestras familias y amigos...
Hace 4 años quedamos embarazados, también por estas fechas y decidimos que hacía falta un nuevo cambio. Ese bebé que crecía despacito en mí necesitaba desarrollarse cerca de sus abuelos y tíos. Y otra vez, juntamos todo y volvimos a cambiar de trabajo, de ciudad, de estilo de vida... Y el bebé fue Cande y pudo nacer acá, donde nos criamos y nos conocimos y donde tanta gente nos quiere tanto.Y acá estamos. Juntos, de frente a la vida, viendo crecer a Cande. Y parece mentira que sea la señora de Loza. Y parece mentira que haya pasado tanto tiempo.
Bodas de madera. ¿Será porque nuestro amor se va haciendo más fuerte?
Volviendo
Cuando la estoy vistiendo o le ayudo a vestirse "sola, sola", la miro y le pregunto: "¿dónde está mi bebé? Yo tenía una bebé y ahora no está más".
Y ella me contesta con una sonrisa entre pícara y sobradora: "Soy yo mamá, soy una nena ahora".
Y en la vorágine de verla crecer y acompañarla este año que pasó dejé de escribir... Se volvió cada vez más interesante y más intenso el compartir juegos, paseos, experiencias y berrinches.
Además, los posteos que me alabaron como los más divertidos, que eran los que contaba Cande en primera persona se me complicaron cuando ella empezó a tener voz y a participar activamente en los diálogos de la familia.
No puedo hacerle decir cosas, cuando ella misma se planta y nos dice: "ahora me toca hablar a mí". Por supuesto, que siempre le toca hablar a ella. Siempre tiene algo para contar, para decir, para reclamar, para preguntar...
Terminé el 2012 bastante agobiada y arranco este 2013 decidida a que las energías cargadas en el mar me duren. Y dispuesta a ponerme al día con lo que me quedó pendiente de contar y revivir de este 3er año de Cande, para que sea un recuerdo que pueda disfrutar cuando crezca un poco más... Veremos cómo hacemos para mantener la compatibilidad tecnólogica.
De vuelta a la rutina. De vuelta a esta escritura compartiendo momentos...
¡Gracias, María Elena!
Esta semana detectamos una situación que cuándo no éramos padres todavía juramos que no íbamos a permitir. Esta es la de chicos argentinos, viviendo en Argentina y hablando en español neutro. Que Cande nos haya dicho respectivamente: "Mira, mamá"; "Oye, papá" fue como que nos haya prendido una alarma.
Y reforzamos una campaña que habíamos empezados en forma casi inconsciente. "Se dice mirá, Cande". Acá le ponemos acento al final. No es un carrousel, es una calesita. Y esos son barriletes y no, cometas...
Y volvimos a las raíces. A lo que siempre estuvo para nosotros. Rescatamos a María Elena, mágica, eterna y argentina, en la forma de DVDs de las canciones animadas. Cantamos la chacarera de los gatos, buscamos a la luna que se baña en el aljibe, nos reímos con el jacarandá, jugamos a tomar el té, bailamos con el perro salchicha (como el Taru), y viajamos a París con Manuelita. Hermosas canciones, con un vocabulario amplio que los obliga a tratar de entender y conjungando los verbos en argentino. Como debe ser para una nena que se tiene que criar acá.
Y le presentamos a Hijitus, Oaky y Larguirucho para que vaya conociendo el universo creado por García Ferré.
Y reducimos al máximo los personajes importados que hablan con modismos diferentes a los nuestros, por lo menos hasta que el lenguaje esté consolidado y pueda entender las diferencias entre las regiones que compartimos este maravilloso idioma.
¿Somos extremistas? ¿Qué piensan ustedes? ¿Vivieron situaciones similares con sus hijos?
¿Qué cocinamos hoy?
Mencióne en varias oportunidades lo rápido que crece Cande, lo rápido que crecen todos los chicos en realidad. Por eso, uno de estos días, no hace mucho, me encontré en lugar de mi bebé, a una nena llena de energías con ganas de jugar y compartir conmigo y con el papá.
El problema que surgió fue: ¿cómo compatibilizamos horarios de comidas establecidos, que implica preparación previa de la comida con las ganas de jugar de Cande?
La solución que encontré, y que resultó divertídisima para las dos, fue cocinar juntas.
Una sentada a cada lado de la mesa desayunadora, con los elementos al alcance e indicaciones precisas, atendiendo a la seguridad:
- Mamá corta las verduras, las pasa al plato y vos las acomodás en la fuente para cocinarlas.
- NIIIII!!! (leáse sí)
Y fuimos complicando las indicaciones y la participación de Cande en la preparación de las comidas: distribuimos el queso en las prepizzas (picoteando alguno), empanamos bifes para hacer milanesas, armamos hamburguesas con bolitas de carne picada, amasamos para hacer tartas.
Por supuesto lleva más tiempo la preparación de la comida que haciéndola sola. Por supuesto que hay que extremar los cuidados con fuego y cuchillos, para trabajar con Cande lejos de esas cosas peligrosas. Por supuesto que se requiere mucha paciencia.
Pero jugando, un ratito todos los días, tengo una ayudante de lujo que comparte conmigo el amor por la cocina que aprendí de mis abuelas. Y trato que lo aprenda desde chiquita (con sólo dos años), junto con la tarea más importante de las relacionadas con la casa, la que tiene que ver con el mantenimiento físico de la familia.
¿Ustedes cómo se llevan con la cocina? ¿Cómo entretienen a sus chicos, mientras se ocupan de la preparación de la comida para la familia?
A ver la tele!
Un tema que hace tiempo me sugirió Ariel y que siempre quedaba pendiente, es el de la tele.
Yo le saco el sombrero a Disney y su desarrollo de programas infantiles, por el conocimiento que tienen de los chicos, para ofrecerles exactamente lo que les va a llamar la atención o hechizar. Creo que vale el término mágico en este caso.
Cande, con 6 meses, veía venir caminando al ratón Mickey, en su programa La casa de Mickey Mouse y sonreía fascinada. Y hasta ahí llegaba su atención. Ver al ratón venir caminando y escuchar la canción.
Después, más grande, empezó a ver todo el programa, con más o menos atención, dependiendo del tema. Los que ayudaban a animales chiquitos eran más interesantes que los otros: pajarito rojo, la abeja Buzz Buzz o algún elefantito bebé. Y mientras va creciendo y entiende más las tramas, se agregan episodios prohibidos porque generan angustias: el mismo elefantito bebé trabado en un tobogán, por ejemplo
Con el correr del tiempo y su crecimiento, incorporamos a la familia a Oso Agente Especial (cada vez menos), las canciones de Topa y Muni, Los imaginadores y los piratas de Nunca Jamás. Todos del mismo canal, todos productos Disney. Y por supuesto, si cantan y bailan, ella va a fascinarse, aplaudir, saltar y bailar con ellos. Y sumarte al baile, si te dejás... Siempre adelante del televisor, cuanto más cerca mejor.
Si hablamos de películas, la única que conseguimos ver completita y disfrutando y sufriendo cada momento con el pollito protagonista es Chicken Little. Veremos más adelante, cuando aprenda a prestar atención y a quedarse quieta más de 10 minutos. Nos encantaría llevarla al cine, pero tenemos tiempo...
Y vemos una y otra vez las mismas cosas, riéndonos con lo mismo, pero marcando ella cuando quiere las repeticiones. Cuando el canal repite un mismo episodio hasta el abuso, se planta firme y seria a decir "¡NO, NO NO!" Y mejor que busques otra cosa para ver o apagues la tele.
¿Qué programas ven sus hijos? ¿Qué canales? ¿Desde qué edad? ¿Qué es lo que más les gusta ver?
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