"Empezás la escuela grande",
me dijeron un día.
y aparecieron los miedos,
con caras amenazantes.
¿La seño nos querrá tanto?
¿Seremos buenos amigos?
¿Mamá esperará en la puerta?
¿Querrán jugar conmigo?
Dani nos abre la puerta, siempre sonrisa radiante.
Carla espera en el salon, con abrazos incesantes
Nati en sala misteriosa y sus ideas flamantes.
Gaby y Lili en dirección, atentas y expectantes.
Rondas, canciones y cuentos.
Compañeros, ahora amigos.
Good afternoon y bonjour.
Juegos que sirven de abrigo.
Volves a la escuela grande,
me dijeron este día.
Ya sé quien me está esperando.
El miedo ya no es gigante.
Allá voy sala de 5, te esperamos impacientes.
Quiero llenar mi cuaderno de emociones que se sienten.
Quiero bailar una ronda que nos sirva como puente.
Quiero jugar con mi seño, que me abrazará sonriente.
Mientras veo crecer a mi hija, uso este espacio para compartir vivencias, reflexiones, relatos y recuerdos de estos meses pasados y futuros... Y ahora son dos.
Final de clases 2019
¿Qué pasó desde el último post? ¿Cuánto hace que no escribís, nuevamente comentario movilizador de mi amiga Ceci y de Ariel? Nos quedamos con el nacimiento de María Victoria, Vicky, para todos en diciembre de 2014.

¿Qué pasó después? 2015 trajo mudanza, 2016 el inicio de la primaria para Cande y un problema de salud de Ariel que nos obligó a replantearnos prioridades, 2017 cambio de trabajo para Ariel, 2018 nuevo cambio de trabajo y 2019 el inicio escolar de Vicky y una operación de papá. En el medio de está vorágine, el estudio del que formo parte siguió creciendo, me dediqué a escribir post para el blog profesional y casos para la facultad. Además de eso, la vida misma, con sus obligaciones, la crianza de dos nenas, el difícil equilibrio de trabajar y maternar.
Por otro lado, me costó mucho seguir poniéndole voz a Cande cuando ella empezó a tener voz propia y a hacerse oir. Empecé a charlar con ella y las dos a enseñarle a vicky a ser mujer en este mundo y dejé de charlar de ella.
De todas formas, quedaron episodios memorables sin contar, la mayoria de ellos relacionados con la escuela, que trataré de poner al día en este verano que tenemos por delante.
Hoy, a un día de finalizadas las clases, puedo decir que Cande terminó 4to grado y pasó a 5to sin problemas. Que el grupo que aprendieron a formar con sus compañeros desde sala de 4 hoy es precioso, que se integraron y se cuidan, tratando de ser mejores entre todos. Que aprendimos a hacer tribu con las mamás, cumpliendo con el proverbio africano que dice que "Se necesita todo un pueblo para educar a un niño". Que sobrevivimos al intento de trabajar y mandar a un chico a la escuela con reuniones de padres, escuela abierta, paros, cambios de horarios y reducciones de jornada. Que tejimos una red de contención para nuestros niños y para nosotros, tejida a través de años de puerta de escuela, amistades de los niños y confianza mutua.
Que Vicky empezó y terminó exitosamente sala de 4, que ama a su escuela, a su sala y a su maestra. Que el jardín es el mejor nivel del sistema educativo y que las maestras y directivas son magas tejedoras de ilusiones respetando y acompañando en el crecimiento a los más chiquitos. Emociona verlas trabajar, emocionan los actos escolares y el amor que ponen en cada cosa que piensan y hacen.
Veremos si puedo retomar este espacio y este ejercicio con mayor continuidad. ¡Felices vacaciones para todos!
¿Y ahora qué?
El 2014 fue un año intenso, complicado, atravesado. Surcado de proyectos a nivel profesional y personal que se llevaron la mayor parte de nuestras energías.
Además, Cande empezó en la escuela "de grandes", donde esperamos que termine su escolarización obligatoria y sea feliz. Y nos asustaba la transición del jardín maternal a una escuela gigante, en tamaño, cantidad de alumnos e historia. Y en lugar de 10 compañeritos, pasaba a tener 30. Por suerte, salió airosa del cambio y termino el ciclo lectivo amando a su escuela, con los patios diferentes, la seño que hizo magia para multiplicarse y atender a todos sus alumnitos y las clases de francés. Y cuenta los días que faltan para volver a reencontrarse con sus amigos, en la nueva sala y con la nueva maestra. Ya sala de 5. Parece mentira...
Y en el medio de estos temas, mientras tratábamos de encaminar y cerrar todos los temas pendientes, un test de embarazo nos marca las dos rayitas y nos enteramos que ahí íbamos de nuevo. A comprar pañales, a desempolvar la cuna, a airear la ropa de bebé y a ver si nos acordábamos como era eso de no dormir de noche.
El 2014 fue un año intenso, intrincado y atravesado por mi segundo embarazo. Hasta que el 26 de diciembre, después de una Navidad, muy tranquila, brindando con agua y sin excesos, llegó María Victoria. Muy parecida a la hermana, pesando 80 gramos más que ella, pero marcando enseguida las diferencias con su temperamento capricorniano.
María Victoria. Chiquita, necesitada de nuestros mimos, buscando calor en los brazos de papá y mamá o del que quiera hacerle upa, llegaste a completar y a unir más nuestra familia. Tu hermana, que te quería desde la panza, te adora desde que te vio la primera vez. Se desvive por cuidarte y cuenta los días que faltan para que puedas sostener la cabeza o quedarte sentada, así puede ayudarte con más cosas.
Tenés una familia grande, que te quiere mucho y que está creciendo. No sólo están mamá y papá y Cande, la hermana mayor. También tenés cuatro abuelos, cinco tíos y un primo. Más la madrina e infinidad de tías y tíos del corazón. Todos dispuestos a cuidarte y acompañarte mientras vas creciendo.
Estamos a un mes de tu llegada y a nueve meses desde que apareció el positivo en el test y con papá dijimos ¿y ahora, qué? Ahora viene lo mejor. Doble de amor, doble de risas, doble de corridas, doble de disfrute, doble de aventuras y anécdotas. De eso se trata la vida. Bienvenida y a vivirla.
Tiempo de Navidad
Navidad. Los negocios del centro apuestan a salvar el año y nos aceleran los tiempos, sacando adornos y luces a mediados de noviembre. Todo te impulsa a salir corriendo a comprar para cumplir.
¿Cómo cumplir con las tradiciones, pero manteniéndose al margen del torbellino del mercado? ¿Cómo revivir la magia de estos tiempos? ¿Cómo seguir siendo niños esperando la Nochebuena? ¿Cómo mantener las tradiciones vivas, para que Cande las conozca y pueda a su vez transmitirlas, llegado el momento?
Llega el 8 de diciembre y hay que armar el arbolito y el pesebre. Hay que preparar nuestra casa y nuestro corazón para que nazca en ellos el Niño Dios, que viene a salvarnos. ¿Dejaremos que nos llene de esa Paz que tanto necesitamos? ¿Podremos esperar con la serena paciencia de María?
Tenemos que aprovechar este tiempo para aprender a vivir como Cande, que se despertó a los gritos, ansiosa por armar el arbolito. Que no podía estarse quieta desayunando, por la impaciencia. Que sacó todos los adornos, seleccionando en qué rama iba cada uno. Que no estuvo tranquila, hasta que no lo vio en su lugar, con las luces prendidas y el pesebre al lado.
Que volvió al ataque cuando estuvo terminado:
- "Ahora vamos rápido a la casa de la abuela. Tenemos que ayudarla con el suyo". - Como yo, cuando tenía su edad y algunos más también...
- "Esta tarde, Cande. Esta tarde, vamos".
Esta tarde vamos a ir a la casa de la abuela para ayudarla a armar su arbolito y su pesebre. Y vamos a dar por iniciado este tiempo de espera para la llegada de la Navidad. Que este año viene por partida doble, porque además de esperar una vez más el Nacimiento de Jesús, esperamos el nacimiento de Vicky, que nos hará padres nuevamente y convertirá a Cande en hermana mayor. Y vamos a brindar por el inicio del tiempo de Navidad. Con sidra y pan dulce. A la salud nuestra y del abuelo Manuel. Como él nos enseñó. Para mantenerlo vivo, siempre presente entre nosotros, siempre en el recuerdo. Y para enseñarle a Cande. Para mantenernos vivos y trascender en las tradiciones familiares.
¡Salud!
Lo cotidiano
Escuchar la alarma del despertador, apagarlo para que vuelva a sonar a los 10 minutos. Volver a escucharla. Apagarla. Levantarnos. Ducharnos por turno y desayunar con la radio, para escuchar los títulos del día y el estado del transporte público. Caminar cinco cuadras hasta la estación de tren. Esperar. Subir al vagón que se abre adelante nuestro. Viajar hasta Retiro, conversando un rato, programando el día. Bajar. Cruzar Libertador esquivando la gente. Llegar a Avenida Alem, agotados de la muchedumbre y el trajín. Caminar una cuadra más. Despedirnos con un beso, mientras él entra en su trabajo.
Completar sola las 5 cuadras que me separan de la oficina. Entrar, saludar, marcar tarjeta, tomar el ascensor. Prender la computadora y buscar un café. Pensar en el fin de semana, la familia en Rosario, los amigos que nos ven en cuotas, cada dos o tres fin de semanas. ¿Vale la pena el sacrificio? ¿Es tan interesante el trabajo o tan importante la carrera que lo merezcan?
Completar sola las 5 cuadras que me separan de la oficina. Entrar, saludar, marcar tarjeta, tomar el ascensor. Prender la computadora y buscar un café. Pensar en el fin de semana, la familia en Rosario, los amigos que nos ven en cuotas, cada dos o tres fin de semanas. ¿Vale la pena el sacrificio? ¿Es tan interesante el trabajo o tan importante la carrera que lo merezcan?
Revisar los pendientes del día, priorizarlos. Atender el teléfono, resolver un problema, sentir el agradecimiento del otro lado de la línea. Pensar en el test de embarazo positivo. ¿Es una ciudad para que crezcan los hijos? ¿Vale la pena la crianza lejos de los abuelos y tíos? ¿Podemos renunciar a nuestra esencia? ¿Podemos permitir resignarnos?
Decidir intentar el regreso. Buscar, buscar, buscar. Sentir que se agota el tiempo. Pensar si estamos haciendo lo correcto. Dejarse llevar. Ver cómo las cosas parecieran acomodarse. Ubicarnos de vuelta en Rosario. Aprender a trabajar en forma independiente ¿Seguir preguntándonos si hicimos bien, cinco años después?
Ver a nuestra hija creciendo, compinche de sus cuatro abuelos, compinche de sus tíos. Sentir que los amigos de siempre volvieron a estar cerca. Sentir que estamos a mano para nuestros padres, que día a día se vuelven más grandes.
Convencernos de que hicimos lo mejor, aunque laboralmente las cosas son más complicadas que en la gran capital. Sentir el agotamiento de tener que nadar contra corriente. Pelear contra la rutina, intentar mantener la vocación intacta.
Preguntarnos como ser papá y mamá todos los días, todo el día, sin dejar de ser Ariel y Bea. Parecer a contramano por no renunciar a nuestras vidas de antes de ser padres. Incluir a nuestra hija en la agenda de adultos, en vez de cambiarla por una agenda infantil. Enseñarle a aburrirse. Pelear con los estereotipos. Renegar del rosa. Pelearme en los negocios de indumentaria por ese tema. Tratar de darle a Ariel el espacio para que siga siendo músico. Acompañarlo, tratar de hacerlo, sin quitarle tiempo a la mamá, a la docente, a la profesional, a la hija.
Enfrentarnos al test de embarazo positivo. Sentir el vértigo de saber que allá vamos de nuevo. Saber que a pesar de todo, no estamos solos. Pensar si estamos haciendo lo correcto…
Duerme ... Pero...
No le gusta quedarse dormida, pero "cae rendida" y duerme. Desde noviembre duerme en "su cama grande", en su dormitorio. Desaparecieron los rastros que quedaban de la cuna y tiene cama y mesita de luz. Pero...
A la madrugada, siempre alrededor de las 4 de la mañana se despierta y empiezan los diálogos surrealistas y/o cortazarianos para convencernos de que seguir durmiendo en su cama sola no es la opción correcta:
Pueden ser excusas disparatadas, pero están perfectamente fundamentadas para conseguir su objetivo. Por ejemplo:
Situación 1:
- En mi cama hay un pis, así que voy a tener que dormir acá.
Situación 2:
- ¡AAAAAAAHHHH!!! Me dan mucho miedo los osos blancos. - corriendo entra a nuestro dormitorio
- ¿Qué osos blancos, Cande?
- Los que se están peleando con los osos negros - ya subiendo a la cama y metiéndose entre las sábanas
Situación 3:
- Vine porque tuve un sueño feo - parada al pie de la cama
- ¿Qué soñaste, Cande?
- Que me despertaba y ustedes dormían en su cama y yo en la mía.
Situación 4:
- En mi cuarto hay dos arañitas que me están mirando y así no puedo seguir durmiendo. ¿Cómo voy a dormir con las arañitas?
Situación 5 (al día siguiente de la situación anterior):
- Ya se fue una arañita, pero queda una, así que voy a tener que dormir con ustedes.
Situación 6:
- Los muebles están muy lejos de la cama y eso me da miedo y me pone nerviosa. Así no puede dormir una nena chiquita.
Situación 7:
- Los peluches tienen ojos grandes que me miran y me dan miedo. No me puedo dormir con los peluches mirándome con los ojos grandes.
La mayoría de las situaciones terminan con Cande cumpliendo su objetivo, es decir, instalándose por lo que queda de la noche entre papá y mamá, sin arañitas, ni osos, ni peluches con ojos grandes. Sé que deberíamos devolverla a su cama, pero entiendan que a esa hora, lo único que pretendemos es dormir rápido las 3 horas que faltan para que suene el despertador.
¿Tienen o tuvieron el mismo problema? ¿Cómo lo resuelven? ¿Hay alguna solución 100% efectiva?
Recuerdo de los 3 de Cande
Les comparto un video que armamos por el tercer cumpleaños de Cande, mientras preparo el nuevo post, sobre sueño y hábitos y diálogos nocturnos...
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